Alfredo Jaar, de Chile a África

En 1993, un fotorreportero sudafricano, Kevin Carter, tomó una imagen en Sudán que le dio la vuelta al mundo: un buitre parecía que estaba a punto de atacar a una niña famélica, desnuda, indefensa. La foto le valió un premio Pulitzer y el ensañamiento de algunos críticos, que lo acusaron de haberse comportado también como un ave de rapiña, por no haber ayudado a la pequeña. En 1994, Carter se suicidó. Tenía 33 años.

Dejó escrito que estaba “angustiado por las memorias vívidas de asesinatos y cadáveres, de ira y dolor, de niños pasando hambre o heridos, de locos que disparan por diversión, muchas veces policías, de verdugos”.

Las historias de la foto y de su autor confluyen, mediante proyecciones de textos casi telegráficos y de una destellante aparición de la imagen misma, en la instalación “The sound of silence” (“El sonido del silencio”), del artista chileno Alfredo Jaar, que se presenta en la South London Gallery de la capital británica.


 Alfredo Jaar, “The Power of Words” (“El poder de las palabras”), 1984.

Las imágenes son importantes y tenemos que entender las consecuencias de publicarlas y todo lo que ocurre alrededor de ellas Alfredo Jaar
“En esa obra, yo quise dedicar 128 metros cúbicos y ocho minutos a una sola imagen porque me parece que las imágenes son importantes y tenemos que entender las consecuencias de publicarlas y todo lo que ocurre alrededor de ellas”, le dijo Jaar a BBC Mundo.

“La vi cuando apareció por primera vez en el New York Times y me quedé una hora mirándola. No lo podía creer. La encontré extremadamente poderosa”.

Vea la fotografía tomada por Kevin CarterMostrar el horror “Cuando Kevin Carter se suicidó, me dije: ‘Aquí hay una historia extraordinaria y voy a hacer una obra con esto'”, nos explicó el artista. Un documental sobre la vida de Kevin Carter fue nominado para los premios Oscar en 2006.

“Escribí la obra inmediatamente después de su muerte y la empecé a crear, pero en esa época todavía no teníamos computadoras y usábamos proyectores de diapositivas. Lo hice un par de veces y lo abandoné”.
Catorce años después, gracias a las nuevas tecnologías, la instalación ocupa el lugar central de la exposición “Alfredo Jaar: Políticas de la Imagen”, que se presenta en una zona de Londres donde viven muchos emigrantes y refugiados africanos. “Cuando él se suicidó, hablaba de esta foto, pero en general de todo su trabajo, en el que se dedicó a mostrar el horror, la pobreza, la enfermedad, el hambre. Eso lo tenía a él muy deprimido”, dice Jaar.

“De hecho, el nivel de suicidio entre los fotorreporteros es muy alto porque son gentes que se dedican a ver los horrores del mundo y a tratar de mostrárselos a los demás”. “Él ya estaba bastante deprimido y se deprimió más con toda esta historia: lo atacaron por mostrar esa foto cuando, realmente, él quería que el mundo reaccionara ante tanta locura”.

“Como la gente se siente culpable de no hacer nada ante tanto horror, simplemente aquí atacaban al mensajero y no se dedicaban a estudiar el mensaje”.

Lazos emocionales Desde hace más de 20 años, Jaar es considerado como uno de los artistas más importantes de América Latina. Sus obras se han exhibido en las bienales de Venecia (1986 y 2007), Sao Paulo (1987 y 1989), Sydney (1990), Estambul (1995), Johannesburgo (1997) y Sevilla (2006), además de en Documenta (1987 y 2002) y en exposiciones individuales en el Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York (2003), el Museo de Arte Contemporáneo de Roma (2005) y la Fundación Telefónica en Santiago de Chile (2006), entre otras.

En mayo de 2008, Jaar expondrá en Japón y en octubre en Milán, Italia.
A pesar de que ha hecho trabajos relacionados con América Latina y con Asia, cerca del 60% de su producción -según sus propios cálculos- tiene que ver con África “por varias razones, incluidas algunas muy personales”, le dijo a BBC Mundo.

“Yo viví, de los cinco a los 15 años de edad, en una pequeña isla francesa, Martinica, en un vecindario donde yo era el único niñito blanco y creé fuertes lazos emocionales con la raza negra”.
“Cuando, a los 15 años, regresé a Chile, experimenté un quiebre emocional muy fuerte porque había pasado toda mi niñez allí y hablaba francés y creole, y al llegar a Santiago tuve que empezar a hablar español”.

“Después me mudé a Nueva York, en 1982, y descubrí el mundo del arte, que era un mundo de ficción porque tal vez el 20% del planeta estaba representado y el resto no existía”.
“Fue así que comencé a mostrar realidades africanas, asiáticas y latinoamericanas, pero el énfasis ha sido más en África, donde las tragedias y las situaciones han sido más marginales y más difíciles que en América Latina”.

“Me interesa, sobre todo, la representación de África en los medios de información masivos”, nos dice. “Greed” (“Avaricia”, 2007) es una de las obras más recientes de la exposición.
La exposición de Londres incluye cuatro obras fotográficas, “The Power of Words” (“El poder de las palabras”, 1984), “Searching for Africa in Life” (“Buscando a África en Life”, 1996), “From TIME to TIME” (2006) y “Greed” (“Avaricia”, 2007), que invitan a explorar cómo las revistas Life, Time y Business Week tratan el tema de África en sus portadas.

Además, para una edición especial del periódico de la galería, el artista produjo una versión de su obra “Sin título (Newsweek)”, 1994, que forma parte del Proyecto Ruanda, que él realizó de 1994 a 2000.
“En ese proyecto, me dediqué a mostrar la indiferencia criminal del resto del mundo con respecto al genocidio ruandés, que dejó un millón de muertos”, dice Jaar.

“En esa obra específica, muestro como la revista Newsweek, que es una de las dos más importantes de Estados Unidos, desconocía o ignoraba, de manera barbárica o criminal, a mi juicio, lo que estaba ocurriendo en Ruanda, semana tras semana”.

“Mataron a un millón de personas en cien días y la revista les daba portadas a temas bastante triviales”. “Muxima” En una obra más reciente, el filme “Muxima”, que se mostró el año pasado en el Pabellón Africano de la Bienal de Venecia y ahora se exhibe en la South London Gallery, Jaar propone una manera diferente de relacionarse con el tema africano.

Estoy convencido de que se puede hablar de pobreza sin humillar de nuevo a la persona de la cual se está hablando. Se puede hablar de violencia sin violentar de nuevo a la víctima Alfredo Jaar
“Muxima”, que significa “corazón” en kimbundu, un idioma angoleño, es el nombre de una canción tradicional que él grabó en seis versiones distintas en Angola en 2004 y 2005. De su amor por la música africana, surgió esta película -de 36 minutos de duración- que reflexiona sobre el pasado colonial de Angola, las consecuencias de la guerra civil (1975-2002) en que murieron unas 500.000 personas y temas apremiantes en la actualidad como el SIDA o la producción petrolera.

“Es una película que da una visión general sobre Angola hoy día, pero, más que mostrar, evoca porque yo quería dar una impresión general, pero sin usar ninguna de las imágenes insultantes que normalmente utilizan los medios de comunicación masivos sobre África”, nos dice Jaar.

“Mi desafío era cómo mostrar África, con sugerencias y sin tener que insultar de nuevo, porque estoy convencido de que se puede hablar de pobreza sin humillar de nuevo a la persona de la cual se está hablando”. “Se puede hablar de violencia sin violentar de nuevo a la víctima. Se puede hablar de víctimas sin victimarlas otra vez”.

* Manuel Toledo de BBC Mundo

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