Mario Vargas Llosa contra el conformismo

El escritor presentó a los periodistas «La civilización del espectáculo», un alegato lleno de claridad en defensa de la cultura.

Hablar de cultura con Mario Vargas Llosa es siempre un lujo. Pero hacerlo hoy es hablar del valor y el riesgo que nuestra sociedad ha asociado a la cultura. El escritor y premio Nobel acaba de publicar «La civilización del espectáculo» (Alfaguara), un testimonio personal y candente sobre la cuestión. Una advertencia sobre las consecuencias catastróficas de «la banalización de la cultura, de reducir la cultura a la mera diversión», en sus palabras.

Hay que agradecer la claridad que el gran narrador ha sabido imponer a su argumentación, salpicada con textos periodísticos, como ventanas a la realidad. Esa capacidad de poner los pies en la tierra le da una dimensión de intelectual comprometido con su tiempo, muy valorada en los escritos Vargas Llosa.

Acabar con la cultura

Y la claridad empieza con la primera frase en su encuentro con periodistas: «Democratizar la cultura al final ha significado el empobrecimiento de la cultura y la confusión de los valores porque la idea de acabar con el elitismo se convirtió al final en la idea de querer acabar con la cultura».

 

La cultura hace ciudadanos exigentes, la diversión los hace conformistas

El mayor peligro lo ve Vargas Llosa en las consecuencias a largo plazo en las sociedades democráticas, porque la cultura crea ciudadanos exigentes y críticos, mientras que el entretenimiento genera conformismo: «Hay gente que está contenta porque cree que tenemos por fin una cultura democrática, pero yo no —asevera—. Creo que la banalización, convertir la cultura en mero espectáculo o diversión, tiene consecuencias nefastas sobre todo para la sociedad democrática. Forma seres sin espíritu crítico y eso desembocará irremediablemente en formas de totalitarismo porque sin imaginación o capacidad crítica, en un mundo conformista, es más fácil manipular a la sociedad. La cultura es un entretenimiento creativo, que te inquieta, desarrolla en ti cierta desconfianza hacia el mundo en que vives que para mí es la fuente del progreso e impulsa los cambios». «Pero la cultura del mero entretenimiento no deja huella», se lamenta.

 

Los medios son el efecto más que la causa de la banalización

Para Vargas Llosa, los medios de comunicación son más el efecto que la causa de la banalización. «El amarillismo es la forma extrema de la necesidad de entretenimiento que ha impregnado al periodismo. Los medios serios no están en condiciones de competir con los que viven solo del entretenimiento». Pero eso, en su opinión, es porque «el público demanda ese producto, la fuente es esa cultura de entretenimiento.Cuando lo entretenido es el valor supremo de la información cualquier cosa puede ocurrir».

La culpa de los políticos

Ni los políticos ni los intelectuales se salvan de su mirada crítica. Unos y otros por distintas causas han ayudado en ese proceso de disolución de los valores de la cultura. Los políticos dejando a un lado las preocupaciones éticas de su cometido y cayendo en «campañas políticas que son espectáculo, determinado por la publicidad más que por las ideas». Y los intelectuales aislándose y haciéndose cada vez más ininteligibles, lo que es un desprecio hacia el público.

«Es aterrador —confiesa— ver a personas como los grandes economistas, tan bien informadas, que cuando salen de su campo se convierten en seres ignaros. ¡Ignaros! Cada vez nos pasa más, creamos ese tipo de ciudadanos. La función de la cultura era establecer el denominador común para todos, algo que la ciencia no puede hacer (no todos entienden la Relatividad, pero sí pueden disfrutar de la Capilla Sixtina)».

Los demonios de la libertad

Y aunque estos peligros son hijos de la libertad, la ponen en peligro, en su opinión: «La libertad es un valor primordial, pero aunque ello nos angustie, no garantiza que elijamos lo correcto», dice Vargas Llosa. Para el Nobel, «lo único que puede frenar los excesos de la vida pública es la cultura, como yo la entiendo. Una cultura que no permite libelo. Pero la cultura que vivimos hoy día no solo no sanciona el libelo, sino que lo busca y lo paga a precio de oro. Al final, el freno de la cultura provocaría un rechazo natural frente a lo que violenta el buen gusto. No creo que con leyes especiales se pueda frenar el amarillismo. La cultura tiene un peso moral, ahí también vemos el riesgo de banalizarla… Con cultura la sociedad sufriría menos, porque es una fuente de enriquecimiento personal que redunda en enriquecimiento social. El amarillismo es un hijo deforme y perverso de la libertad».

*Por JESÚS GARCÍA CALERO / MADRID / 18/04/2012
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La Primavera del arte Árabe

Primero fue el 11-S, después la Primavera Árabe y el derrocamiento de muchos regímenes totalitarios. El mundo islámico ha dado un giro radical en la última década y los cambios parecen imparables. Pero hayotra Primavera Árabe de la que se habla mucho menos, pero que también está presente y con mucha fuerza: hablamos del «boom» del arte islámico en todo el mundo. Basta con echar un vistazo a los grandes museos (LouvreMetropolitanVictoria & Albert) para poder constatarlo. Todos ellos atesoran importantes colecciones de arte islámico y recientemente han modernizado y ampliado sus espacios dedicados a él.

El premio es bienal y ésta es su segunda edición

Desde hoy y hasta el 15 de julio, Casa Árabealberga en su sala de exposiciones de Madrid(Alcalá, 62) una interesante selección de 22 obras de arte contemporáneo. Son las obras del ganador y los finalistas de un prestigioso premio, el Jameel Prize, que reconoce creaciones inspiradas en el arte, la artesanía o el diseño de tradición islámica. Se trata de una interesante iniciativa puesta en marcha por el Victoria & Albert Museum de Londres, en colaboración con la Abdul Latif Jameel Community Iniciatives, cuyo objetivo de enriquecer la visión de la cultura islámica en Occidente. Los artistas no tienen que ser musulmanes ni proceder de países islámicos. El premio es bienal y ésta es la segunda edición. Si las obras premiadas en la primera edición (2009) viajaron por seis museos de Oriente Medio, las de la segunda (2011) lo harán por Ocidente: París, Madrid y distintos puntos de Estados Unidos.

De la mano de Tim Stanley, comisario de la colección de Oriente Medio del Victoria & Albert -museo que atesora la mejor colección de arte islámico del mundo- y miembro del Consejo Científico del Museo del Louvre, y Sadia Touqan, co-comisaria de la exposición y especialista en arte contemporáneo y diseño de Oriente Medio, visitamos la exposición.

Los artistas premiados

El artista más joven presente en la muestra es Noor Ali Chagani. Nació en Pakistán en 1982; vive y trabaja en Lahore. Su obra escultórica «Infinity» se inspira en la pintura miniaturista mogola: en su caso la convierte en tridimensonal gracias a ladrillos en miniatura. Esta pieza reflexiona sobre la idea de la propiedad de la tierra, pero también sobre el concepto de cobijo y protección.

En el lado opuesto, la artista de más edad de la exposición es Monir Shahroudy (Irán, 1923). Vive y trabaja en Teherán. Esta octogenaria artista tiene una biografía fascinante. Se formó en Nueva York, trabajó con Warhol. Volvió a Irán y trabajó como consejera de Farah Diva. Cuando estalla la revolución en su país ella estaba en Estados Unidos. Su obra quedó confiscada o fue destruida. Quedó en el anonimato hasta que resurgió en la última década. Su obra se vio en la Bienal de Venecia y ahora vuelve a estar en activo. En la exposición vemos su obra «Birds of Paradise» (un mosaico hecho con trozos de espejo), inspirada en la pluma de un gorrión que se cayó en el balcón de su casa en Teherán.

Hadieh Shafie nació en Irán en 1983. Vive y trabaja en Estados Unidos. Presenta dos coloristas trabajos inspirados en los movimientos místicos del sufismo. Los sufíes utilizan el lenguaje del amor para describir la relación con Dios. Shafie escribe la palabra amor en sufí en miles y miles de tiras de papel enrolladas y colocadas unas juntos a otras.

(Libro de 260,000 paginas)

Hayv Kahraman (Irak, 1981) se exilió a los 11 años: vive y trabaja en Estados Unidos. Su obra es abiertamente de denuncia. Dos de sus trabajos pertenecen a una serie, «Baraja». Semejan cartas de una baraja en madera, de gran tamaño, y en ellas denuncia el trauma de la diáspora iraquí. En una tercera obra muestra a un león herido que escupe esas mismas cartas de la diáspora.

Rachid Koraïchi es el ganador del premio. Nació en Argelia en 1947 y vive y trabaja a caballo entre Túnez y Francia. En sus trabajos reivindica el trabajo textil como un medio tan digno como la pintura. En la obra premiada, «Los maestros invisibles», celebra las vidas y el legado de los catorce grandes maestros del sufismo. Está inspirada en los estandartes que llevan en las procesiones rituales. Es una llamada a la tolerancia.

 Sharifi mezcla con mucho humor pasado y presente de Irán

Soody Sharifi nació en Irán en 1955 y vive y trabaja en Estados Unidos. En sus trabajos se inspira en los manuscritos iluminados persas de los siglos XIV al XVII. Escanea estos manuscritos y crea collages digitales que denomina «maxiaturas». En ellas mezcla con mucho humor pasado y presente y pone sobre la mesa muchas de las contradicciones de la sociedad iraní. Así, en una de las obras aparecen mujeres desnudas bañándose (son las figuras originales), mientras que las mujeres actuales que incluye están en la piscina completamente tapadas. En otra obra es capaz de incluir un desfile de modas (fotógrafos incluidos) en una recepción en el salón del trono del Sha (harén incluido).

 

Bita Ghezelayagh (Italia, 1966) vive y trabaja entre Londres y Teherán. Encerrados en una vitrina se exhiben tres túnicas de fieltro, inspiradas en las capas tradicionales de los pastores iraníes. En ellas vemos colgados, a modo de objetos de protección, símbolos que retoma de la cultura popular de su país: coronas, tulipanes, llaves e incluso la imagen de un héroe de la guerra irano-iraquí.

De padres iraníes, Babak Golkar nació en 1977 en Estados Unidos. Vive y trabaja en Canadá. Esa dualidad biográfica Oriente-Occidente también está muy presente en su trabajo. En «Negotiating the space for possible coexistences, Nº 5», el dibujo en 3D sacado de una alfombra tradicional da lugar a un rascacielos. Tal como está expuesto en la sala, el propio rascacielos parece surgir de la alfombra.

El egipcio Hazem El Mestikawy (1965, vive y trabaja entre El Cairo y Viena) utiliza papel de periódico reciclado y cartón para hacer sus geométricas instalaciones escultóricas. «Bridge», presente en la exposición, está creado tanto por periódicos en árabe como en inglés. Una forma de simbolizar ese puente entre Oriente y Occidente, pesente en muchos de estos artistas, pero también un puente entre las tradiciones del Egipto faraónico y el Egipto actual.

Finalmente, Aisha Khalid (Pakistán, 1972), muy célebre en su país. Aborda en su trabajo las tensiones heredadas del pasado colonial de su país. Hoy mantiene dos lenguas oficiales: el urdu y el inglés. Parte de esta idea en su obra «Name, Class, Subject», una especie de libro escolar (mitad en urdu, mitad en inglés). Cada idioma comienza desde un extremo distinto. Otra de sus obras expuestas es un impresionante mantón tejido de Cachemira que cuelga del techo de la sala. Si lo miramos de frente es un bello y rico paño tejido en hilo de oro, pero por detrás está perforado por 300.000 alfileres chapados en oro, que simbolizan la agonía de la Cachemira ocupada. Esta región ha sufrido un largo conflicto entre Pakistán y La India.

 

* Por NATIVIDAD PULIDO / MADRID/ 18/04/2012

La escritora española Maruja Torres quiere morir matando

Dice Maruja Torres que la novela negra es una cosa de vejez. Que lo que a ella le gusta hacer ahora es “elegir a personas detestables, atarlas, imaginar el asesinato y luego hacer justicia”. Que de esta forma “destilas la maldad”, y que disfruta colocando a personajes de clase social alta como los malos, aquellos que matan “por ser más ricos, por tapar sus errores, por tener una vida más cómoda”. Reconoce que parece un tópico, pero que “es encantador envejecer y morir matando”.

Maruja Torres da buena cuenta de una cerveza bien fría y de un plato de salmón ahumado a los pies de las pirámides de Guiza, no lejos de donde comienza su última novela, “Sin entrañas”. La ex-reportera metida a detective por amor al arte Diana Dial, el alter ego de la Torres, con su mismo peinado, su misma lenguaraz desvergüenza y su mismo amor a decir lo que piensa, ha regresado a las librerías para resolver un nuevo crimen, esta vez en el Nilo. Un homenaje paródico a la gran novela deAgatha Christie, con un vapor, un misterio, el río y hasta una Lady (dos, para ser más exactos, una auténtica y una falsa); pero en lugar de ingleses, Maruja Torres ha llenado el barco de catalanes.

La autora ha viajado a El Cairo con un grupo de periodistas para presentar su libro, publicado por la editorial Planeta, y disfruta enseñando a los reporteros las maravillas de una ciudad que le fascina. Aunque las piernas le traicionan y reconoce que “este no es país para cojos”, Maruja trota con la imaginación por las pirámides, por el bazar de Jan al Jalili, compra regalos, habla con los parroquianos y pide una shisha (pipa de agua) tras otra. Se nota que añora Oriente Medio.

Ha ambientado la novela en los años previos al estallido de la revolución, “porque eso es lo que yo conocí, lo de Tahrir lo vi desde mi sofá y a través de Al Yazira, siendo muy consciente de que mi época ya no era ésta, mi época reporteril ya había pasado”. El paso del tiempo es un asunto queMaruja Torres, de 69 años, recuerda varias veces en la conversación, como cuando explica cómo Egipto le poseyó cuando vino en 2005 con varios amigos a arrojar las cenizas de su entrañable Terenci Moix en la bahía de Alejandría. “A mí las pirámides y los monumentos de aquí no me interesaban, me fascinaba más Petra, hasta que las entendí. Y las entendí a través de eso que escribía siempre Terenci sobre el sentido del tiempo y la muerte, y el deseo de eternidad. Cuando te haces mayor, eso lo entiendes mejor, no ves un monumento, ves otra cosa”, reconoce.

Maruja Torres ha entrado en el club de la novela negra –su debut fue “Fácil de matar” (2011), ambientada en Beirut-, y se divierte como una chiquilla haciendo maldades. Dice que disfruta estando “con los más golfos de la literatura”, y que “los autores son mucho menos pomposos y me lo tomo mucho mejor, porque yo nunca me he tomado en serio a mí misma como autora, hago el trabajo lo mejor que puedo pero no voy a cambiar la historia de la literatura”. Pero, ojo, “hay gente que tampoco la va a cambiar y se lo cree”, puntualiza.

«Hay una depresión salvaje»

Escribir una novela criminal supone “vivir durante un año en un mundo de fantasía, con los problemas que tú te pones. A ver, ¿cómo coño mato al cantante? Es un artefacto”, describe Torres. Dice la autora que la novela negra se ha puesto de moda “porque hay una depresión salvaje, y el género nació en Estados Unidos con la gran depresión”, y que la novela negra social es más cosa de hombres, que a las mujeres nos va más el crimen.

Puede ser, pero en “Sin entrañas”, también hay crítica social, un retrato, quizás a pinceladas, del Egipto que estalló el 25 de enero de 2011, ahogado por los corruptos, reflejados en el libro porHadi Sueni, ese director general de Antigüedades de sombrero Fedora y bolsillos amplios (un Zahi Hawass mal disimulado), e impulsado por los jóvenes con estudios y sin esperanzas, como Ismail en la novela, también inspirado en un amigo suyo. Y hay en el libro una descripción -exagerada, sin duda, pero presente en Oriente Medio-, del neocolonialismo, de los occidentales que llegan atraídos por el romanticismo de lo exótico, de ese Oriente de Agatha Christie y de“Description de l’Egypte”, que ya no existe pero que se empeñan en reproducir. “Yo he visto mucho el neocolonialismo y lo sigo viendo, e incluso tengo amigos que lo practican, que van a los sitios a lo que van. Yo voy a los sitios por amor al sitio, no por amor al otro, del que es mejor abstenerse si quieres tener una vida tranquila y una reputación”, apunta, pícara, la autora.

Es posible que a ese sueño le quede poco tiempo. El auge del islamismo en Egipto impone una realidad diferente. “Yo he visto crecer las barbas aquí y amontonarse los pañuelos en las cabezas”, afirma Maruja Torres, que ha dejado esa crítica para sus columnas y sus artículos, no para la novela. Pero recuerda, imitando con sorna la voz de un señor mayor con acento supuestamente árabe, cómo, tras una entrevista a un imán de Al Azhar cuando vino la primera vez a El Cairo en su época de reportera, con la primera guerra del Golfo, la institución le vetó. El imán le dijo que en Occidente no hacían felices a las mujeres porque no les daban hijos, y la autora, que ha tenido que escuchar esa perorata muchas veces en la región, se vengó en su artículo.

Desde entonces, reconoce, poco ha cambiado: “aunque hay mucho despertar, incluso entre mujeres veladas, el futuro de la mujer no se resuelve sin el fututo del hombre, y esto no se resuelve sin dinamitar la familia desde sus cimientos. El mundo musulmán, y yo diría que el árabe, tiene que descubrir el individualismo, el respeto a la vida y pensamiento propio, eso te lleva a respetar al otro. O avanzan todos junto o se hunden todos juntos”.

 

* PAULA ROSAS / EL CAIRO /Miercoles 18/04/2012 

La literatura nos hace entender la realidad, pero no la cambia

En ocasión de publicarse la versión en chino de su novela La piel fría, Albert Sánchez Piñol, uno de los autores catalanes más prominentes, realizó su primera visita a China, donde aceptó una entrevista con Pueblo en Línea. 
Albert Sánchez Piñol recibió el premio Ojo Crítico en 2003 y el Grinzane-Francesco Biamonti en 2005, por su obra La piel fría. Esta buena recepción a su obra está avalada asimismo por la traducción de la misma a 35 lenguas, lo que hace de este texto el libro en catalán más traducido de todos los tiempos. Además, ya hay planes de producir en Hollywood un filme basado en la novela.

 

Periodísta: Usted es antropólogo y está especializado en estudios africanos, ¿Cómo decide dedicarse a la creación literaria? Y la antropología, ¿en qué sentido influye en sus novelas?
Albert: Cuando empezé a estudiar antropología ya escribía, aunque poco. Siempre quise ser un novelista un poco distinto. En España y en Cataluña, la mayoría de los escritores son filólogos, y eso hace que un escritor filólogo domine muy bien el lenguaje, pero que al mismo tiempo tenga argumentos más limitados. En cambio, la antropología me da una libertad para crear argumentos distintos y sorpredentes dentro de lo normal. Hay pocas novelas que traten esas temáticas y creo que en el caso mío lo debo a la antropología.

Periodísta: Su novela La piel fría incluye el elemento fantástico, que desempeña un papel muy importante en el argumento, por eso algunos críticos la califican como novela de ciencia ficción, ¿está de acuerdo?
Albert: En La piel fría hay un elemento fantástico, ligado a la inhumanidad, en forma de unos monstruos subacuáticos, pero al mismo tiempo hay una idea muy antropológica. A primera vista, la novela es de fantasía, sobre un individuo que lucha contra los monstruos acuáticos. Pero a mitad de la novela se plantea una pregunta básicamente filosófica, o sea, si el enemigo no es un monstruo, el conflicto será aun peor, porque hasta ese momento, el protagonista sólo tenía que matar monstruos para sobrevivir, pero a partir del momento en que se hace la pregunta, tendrá que decidir si hace la guerra o si hace la paz, porque si no es un monstruo, ya es posible dialogar. Y si es posible dialogar no vas a hacer la guerra. Pero siempre es más difícil hacer la paz que la guerra. Ahí es cuando la antropología te aporta preguntas morales. Es una cuestión narrativa que al principio tuvo algo de ciencia ficción, pero a la cual la antropología aporta profundidad.

Periodísta: Pero al final el protagonista no logró la paz…
Albert: Es que hace un millon de años los seres humanos hacían la guerra. Lo que tenemos en este libro es que la guerra no es absoluta, pero a lo mejor es inevitable, porque no hay manera. Yo acabo de ver en televisión lo que está pasando en Siria, y hace un millon de años lo hacíamos así. Sí, siempre hay guerra, y no quiero hacer una novela rosa, no tuve obligaciones para hacer un final feliz. Hay que explicar. Yo como antropólogo, justo antes de escribir La piel fría, regresaba del Congo. Había estado en el centro de África haciendo antropología, y me sorprendió la guerra civil del Congo, que fue una guerra brutal con tres millones de muertos, entonces yo volví un poco deprimido, por la estupidez del ser humano. No podía hacer una novela feliz, cuando la gente se mataba y no sabía ni por qué se mataba. Era algo delirante, al ser humano le cuesta mucho reprimir esa violencia, la historia lo demuestra.

Periodísta: Volvemos al elemento de ciencia ficción. Aunque en los últimos años ha sido un elemento muy asiduo en las creaciones literarias y cinematográficas en todo el mundo, en España hay muy pocas novelas de este tipo. ¿Cree que el éxito de esta novela y la amplia atención que ha provocado están relacionados con este elemento?
Albert: Yo dije que hay un elemento fantástico, que hay humanidad debajo del agua. Eso no es realista, pero en cuanto a ciencia ficción, ¿dónde está la ciencia? La ciencia de ficción, en mi opinión, es algo que te habla de las posibilidades del futuro de la tecnología. Para mí es muy últil usar el elemento fantástico para hablar de cosas muy presentes en nuestra sociedad, por ejemplo del conflicto armado, cómo vemos a los que no son como nosotros y a las sociedades distintas a la nuestra, cómo asumimos las relaciones con ellos…estas preguntas son muy antropológicas, y se desarrollan mejor en una novela, porque la gente se engancha, quiere saber cómo se acaba la historia, y al mismo tiempo está hablando de estos temas. Cuando el protagonista dice, bueno, estos quizás no son monstruos, quizás son humanos, y quizás podamos hacer la paz, y que esta guerra es absurda si no son monstruos. El lector cuando lo lee, sin duda entiende que esta guerra es absurda, y si es una guerra absurda, lo son todas, porque a partir del momento en que reconoces a tu enemigo como humano, ¿por qué disparas contra él? Intenta dialogar, y seguramente encontrar una forma de convivir. 

Periodísta: ¿En qué sentido cree usted que esa novela va a afectar a los lectores?
Albert: Las novelas nos hacen lúcidos, nos hacen entender la realidad, pero no la cambian. No hay ninguna novela que haya cambiado nunca nada, y es algo triste. Yo puedo decirlo primero porque soy antropólogo, yo estudiaba los pigmeos. Es una sociedad con unos valores increíbles, una sociedad que tiene cosas muy buenas. Por ejemplo, el conflicto social es muy bajo, la discriminación contra la mujer no existe prácticamente. Tienen cosas extraordinarias, aunque nunca han leído un libro, mientras que los otros inventan la bomba tómica. Por eso quizás la literatura no ha logrado progresar mucho. Y segundo, creo que cualquiera que le este libro entenderá que las guerras son absurdas, pero da igual. Tú puedes creer que una guerra es absurda, y lo haces. La literatura no arregla a los malos del mundo, te dice cómo están, y ya está. Es un poco triste.

Periodísta: Hay algo que nos extraña, y es que en sus novelas nunca aparecen elementos de Cataluña.
Albert: En realidad durante mucho tiempo en Cataluña se creyó que la novela no era un libro catalán, porque no había ni un solo protagonista catalán. Pero creo que para hacer literatura catalana no hay que tener protagonistas catalanes que vayan con la barretina… Yo creo que ahí radica la libertad del autor. Los libros pertenecen a las literaturas según el idioma en que se escriban, no por nada más. No sentí de ninguna necesidad poner un protagonista catalán o español porque lo que importa es la historia. Me vendría mejor que un protagonista viniera de Irlanda, porque es otra isla, primero, por que ha estado en una isla, luchando contra un invasor, y cuando va a una isla tan pequeña, él lucha con otros que están allí, incluso vestido de inglés en algún momento. Aquí sobresalen las contradicciones de la humanidad: un individuo que estuvo luchando con otros en un contexto, mientras en otro contexto, puede desempeñar el papel opuesto. Me da igual, si China hubiera sido una isla, igual ponía un protagonista chino. La literatura es universal, o no es literatura. Las buenas historias son universales, aunque ocurran en un pueblo muy pequeño, si las puede leer todo el mundo. Al menos en Cataluña se ha llegado a un consenso de que la literatura catalana es la escrita en catalán, y la castellana la de los que escriben en castellano, porque hay muchos autores catalanes que escriben en castellano, o en los dos idiomas.

Periodísta: ¿En qué situación se encuentra la literatura catalana actualmente en España y en el mundo?
Albert: Muy buena. Es normal que aquí sea menos conocida. Pero una novela catalana ya puede llegar a 10 millones de lectores, que si bien puede parecer poco desde la perspectiva de China, evidencia una notable proyección internacional, tomando en cuenta lo pequeña que es. Entiendo que cuesta más de llegar a China, pero para mí esto demuestra muchas cosas. Primero y sobre todo, la universalidad, da igual en qué idioma escribas, lo que importa es la historia que escribes. Si la historia es interesante ya te traducirán, es una de las cosas buenas de la globalización. Hoy un escritor turco escribe una novela, y a los tres meses, ya la están leyendo en Irlanda: Hace diez años eso sonaba a imposible. Claro que es difícil que la literatura catalana entre en China, donde hace diez años no había nada, pero mira ahora, ya hay al menos algunos libros traducidos. Esto te demuestra que la frontera es mínima, y que las culturas numéricamente pequeñas pueden aportar muchas cosas a la literatura universal. Actualmente sí hay bastantes autores internacionales que se han traducido a más de veinte idiomas, que ya es mucho para una literatura numéricamente tan pequeña. 

Periodísta: ¿Qué elementos de su obra cree usted que interesarán a los lectores chinos?
Albert: Creo que lo que les interesa son las historias universales, que interesan en todas partes. Si yo me sentara y digo “voy a escribir una novela que va a interesar a los lectores chinos,” seguro que sería un fracaso, porque no conozco bastante la cultura china. Pero hay algo que tienen en común todos los seres humanos, en cuanto a qué tipos de historias nos gustan. En cuanto a la historia, por ejemplo, del individuo que se va a una isla desierta atacada por unos monstruos, da igual de qué cultura que tú seas, quieres saber cómo acaba eso, y mientras, puedo aprovechar la historia para exponer ideas universales. Creo que si esa historia la hubiera escrito un chino, de seguro que me interesaría.

Periodísta: ¿Pero cómo pueden los lectores chinos conocer la cultura catalana a través de su obra si no tiene rasgos catalanes?
Albert: Puede ser un puente, en el sentido de que, si ese libro te interesa, seguro que te vas a hacer preguntas. Una cosa te lleva a la otra, se dice. Y si este libro te interesa, quizás buscas a otros autores catalanes, o inquieres de dónde viene ese autor, aunque los personajes vengan de Irlanda o sean subacuáticos. Con muchos autores ocurre eso. Por ejemplo, Kafka nunca te pone personajes de Chequia, de Praga, pero igual estudio las cosas de Chequia, de Praga, de los judíos… porque me interesaban sus novelas. En cambio, si yo hago una novela sobre cómo son los catalanes, que a ellos les gusta el fútbol…eso no va a interesar a nadie, ni a los catalanes, ni llegaría a ningún tipo de lector. En realidad quería hacer el coloquio en catalán, porque yo escribo en catalán. Pero al final no conseguimos un traductor, es una pena. Pero da igual, hablo lo mismo sólo que en otro idioma.

 

* Por Rocío Huang (16 abril 2012)

Gastronomía de Suecia (Estocolmo)

Estocolmo está alzándose cada vez más como la “capital de Escandinavia”. Es posible que Copenhague no esté muy de acuerdo; en particular, cuando se trata de restaurantes. No obstante, Estocolmo es sin lugar a dudas uno de los lugares más dinámicos de toda Europa donde deleitarse el paladar.

Asimismo, es uno de los lugares más hermosos, ya que se levanta sobre cientos de islas y en el punto exacto donde el lago Mälaren se funde en un abrazo con el mar báltico. Hay agua por todas partes. De hecho, podrás pescar tu propio lucio de tamaño generoso en el tramo entre el Palacio Real y el Edificio del Parlamento y, tal vez, traerlo al magnífico restaurante Operakällaren para solicitarle al personal que te prepare unas deliciosas croquetas con él.

La ciudad siente una fuerte inclinación por el pescado y el marisco, hasta tal punto que los encargados de compra de puestos de comida y restaurantes de Estocolmo suelen llevarse los mejores especímenes pujando por encima de cualquiera en las subastas cotidianas de pescado de Gotemburgo.

Tampoco te vayas sin probar los strömming locales. Se trata de una versión de arenque más pequeña y absolutamente deliciosa típica del Báltico que suele prepararse de numerosas maneras, incluyendo en escabeche. Además, podrás adquirirlos y disfrutarlos como comida de venta en la calle.

Auge de gastronomía peruana podría ayudar a inmigrantes

El mejor ceviche y pisco serán presentados pronto en una feria gastronómica peruana que espera atraer a destacados chefs y demostrar el auge de una industria que podría ayudar a inmigrantes peruanos en busca de una vida mejor.


La llamada Peruvian Cuisine for The World (Cocina Peruana Para El Mundo) se celebrará a principios de mayo en Nueva Jersey, estado vecino de Nueva York.

Sus organizadores dijeron el martes que la feria representa el buen momento que vive la gastronomía peruana a nivel internacional. Esa fama podría impulsar a inmigrantes peruanos a abrir sus propios restaurantes en la zona, generando así empleo para más peruanos, dijeron los expertos de la industria.

“Para abrir un restaurante se necesita un mínimo de 15 personas, y después están todos los proveedores y distribuidores, es una cadena. Hay que impulsar un sistema hecho para generar puestos de trabajo”, dijo Heidi Castrillón durante una rueda de prensa en Manhattan para presentar la feria.

Hay aproximadamente 240 restaurantes peruanos en el área de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut y se calcula que su número aumentará un 50% en el año 2014, dijo Castrillón.

Según datos del censo, 48.654 personas nacidas en Perú viven en el estado de Nueva York, aunque funcionarios peruanos de la región calculan que la cifra llega a al menos 100.000. Muchos trabajan en el sector de servicios.

Jimmy Lozano, un inmigrante peruano que llegó a Estados Unidos en 1994, abrió hace pocos meses un pequeño restaurante en Manhattan, llamado Warique. Dijo que lo hizo impulsado en parte por la etapa de popularidad que goza la gastronomía de su país.

“Creo que este es uno de nuestros mejores momentos, gastronómicamente”, explicó Lozano, de 34 años y nacido en la ciudad de Pucallpa. “Mis chefs son peruanos y servimos comida tradicional, sin fusión. La verdad es que la aceptación ha sido muy positiva”.

Más de 8.000 personas acudieron el año pasado a la primera edición de la feria Peruvian Cuisine for the World (PCW, por sus siglas en inglés), que muestra ingredientes o platos típicos como el ceviche, la papa a la huancaína, el cau-cau, la quinoa o todas clases de pisco. Se espera que más de 10.000 visitantes acudan a la cita este año, en la ciudad de North Bergen.

El chef peruano Miguel García, quien trabaja en el hotel Ritz-Carlton de la ciudad de Washington, dijo a The Associated Press que prefiere contratar a empleados peruanos debido a sus conocimientos de los platos de su país.

“Todos llegamos como inmigrantes alguna vez”, dijo García. “Mi idea es usar 100% manos peruanas porque son los que más saben”.

En Nueva York ha crecido el número de restaurantes peruanos en los últimos años, opinó José Carlo Burga, presidente del Peruvian Business Council, en la ciudad. Muchos establecimientos se encuentran en el condado de Queens, donde vive un gran número de inmigrantes, pero otros están dirigidos a un público con mayor poder adquisitivo, como La Mar, el restaurante del famoso chef Gastón Acurio, en Nueva York.

“La industria está ayudando a estos inmigrantes, con la creación de restaurantes y con el trabajo que se da allí”, dijo Burga. “Creo que también se ha creado un espacio para los que ya están aquí, y que han aprendido un poco el negocio, o tienen la visión, para abrir sus propios establecimientos”.

 

* Associated Press (11/4/12)

Roberta Sudbrack: Latinoamérica, epicentro gastronómico

Es una de las chefs más reconocidas y premiadas de Brasil. Comenzó su carrera como jefa de cocina en el Palácio da Alvorada, residencia oficial del Presidente de Brasil, durante el mandato de Fernando Henrique Cardoso. Allí cocinó para Fidel Castro, Bill Clinton y Jacques Chirac, entre muchos otros.
Hoy su restaurante Sudbrack, inaugurado en el 2005 en Río de Janeiro, es uno de los más destacados de ese país por su compromiso con el rescate de ingredientes locales. Ella es una de las invitadas a la segunda edición del festival gastronómico Ñam, que se realizará entre el 18 y el 20 de abril en el Hotel W. Aquí nos da cuatro razones para afirmar que Latinoamérica es el nuevo referente mundial culinario. 

1.- TENEMOS CHEFS GLOBALIZADOS
Existe una generación de chefs latinoamericanos que comenzaron su formación dentro de las escuelas tradicionales de gastronomía (especialmente de Europa) y que después del primer ciclo de aprendizaje comenzaron a procesar esos conocimientos no como una simple réplica sino que aproximándolos a su identidad local. Lo hicieron con el bagaje de haber estado al otro lado, adquirieron una expresión global, un lenguaje universal. Su trabajo despertó el interés del mundo en nuestras raíces culinarias.

2.- NUESTROS INGREDIENTES SON UNICOS

Mucho ha influido el interés mundial en la sustentabilidad. En este punto creo que la región amazónica, que va mucho más allá de Brasil, es muy relevante porque produce una variedad y diversidad de ingredientes que despiertan mucha curiosidad. Tenemos la gran responsabilidad de utilizar estos recursos sin destruir estos ecosistemas tan valiosos. 

3.- HERENCIA CULINARIA
Las tendencias y la gastronomía son cíclicas. Por muchos años almacenamos conocimiento importado de otras culturas culinarias sin considerar todo lo que teníamos acá: los mejores ingredientes, una rica herencia de nuestros aborígenes y la valiosa contribución de otras culturas que fueron llegando al continente. Ahora que lo incorporamos a nuestra identidad culinaria ya no necesitamos subirnos a un taburete para ser vistos y respetados. Ya hemos ganado esa batalla. 

4.- SOMOS INNOVADORES

El ser humano siempre busca cosas nuevas. Es curioso por naturaleza. Eso es  genial, pero a veces esta búsqueda incesante de algo nuevo se confunde con lo exótico, y eso no ayuda a la gastronomía latinoamericana. No somos exóticos, somos innovadores. Aunque aprovechemos las materias primas locales no nos podemos estar mirando el ombligo. Mezclar nuestros orígenes e ingredientes con una cocina a nivel internacional es el reto que los chefs latinoamericanos enfrentamos a diario, y en esa búsqueda hemos logrado llamar la atención del mundo entero. Para nosotros es una manera de  dignificar y elevar nuestras identidades culturales.