La literatura nos hace entender la realidad, pero no la cambia

En ocasión de publicarse la versión en chino de su novela La piel fría, Albert Sánchez Piñol, uno de los autores catalanes más prominentes, realizó su primera visita a China, donde aceptó una entrevista con Pueblo en Línea. 
Albert Sánchez Piñol recibió el premio Ojo Crítico en 2003 y el Grinzane-Francesco Biamonti en 2005, por su obra La piel fría. Esta buena recepción a su obra está avalada asimismo por la traducción de la misma a 35 lenguas, lo que hace de este texto el libro en catalán más traducido de todos los tiempos. Además, ya hay planes de producir en Hollywood un filme basado en la novela.

 

Periodísta: Usted es antropólogo y está especializado en estudios africanos, ¿Cómo decide dedicarse a la creación literaria? Y la antropología, ¿en qué sentido influye en sus novelas?
Albert: Cuando empezé a estudiar antropología ya escribía, aunque poco. Siempre quise ser un novelista un poco distinto. En España y en Cataluña, la mayoría de los escritores son filólogos, y eso hace que un escritor filólogo domine muy bien el lenguaje, pero que al mismo tiempo tenga argumentos más limitados. En cambio, la antropología me da una libertad para crear argumentos distintos y sorpredentes dentro de lo normal. Hay pocas novelas que traten esas temáticas y creo que en el caso mío lo debo a la antropología.

Periodísta: Su novela La piel fría incluye el elemento fantástico, que desempeña un papel muy importante en el argumento, por eso algunos críticos la califican como novela de ciencia ficción, ¿está de acuerdo?
Albert: En La piel fría hay un elemento fantástico, ligado a la inhumanidad, en forma de unos monstruos subacuáticos, pero al mismo tiempo hay una idea muy antropológica. A primera vista, la novela es de fantasía, sobre un individuo que lucha contra los monstruos acuáticos. Pero a mitad de la novela se plantea una pregunta básicamente filosófica, o sea, si el enemigo no es un monstruo, el conflicto será aun peor, porque hasta ese momento, el protagonista sólo tenía que matar monstruos para sobrevivir, pero a partir del momento en que se hace la pregunta, tendrá que decidir si hace la guerra o si hace la paz, porque si no es un monstruo, ya es posible dialogar. Y si es posible dialogar no vas a hacer la guerra. Pero siempre es más difícil hacer la paz que la guerra. Ahí es cuando la antropología te aporta preguntas morales. Es una cuestión narrativa que al principio tuvo algo de ciencia ficción, pero a la cual la antropología aporta profundidad.

Periodísta: Pero al final el protagonista no logró la paz…
Albert: Es que hace un millon de años los seres humanos hacían la guerra. Lo que tenemos en este libro es que la guerra no es absoluta, pero a lo mejor es inevitable, porque no hay manera. Yo acabo de ver en televisión lo que está pasando en Siria, y hace un millon de años lo hacíamos así. Sí, siempre hay guerra, y no quiero hacer una novela rosa, no tuve obligaciones para hacer un final feliz. Hay que explicar. Yo como antropólogo, justo antes de escribir La piel fría, regresaba del Congo. Había estado en el centro de África haciendo antropología, y me sorprendió la guerra civil del Congo, que fue una guerra brutal con tres millones de muertos, entonces yo volví un poco deprimido, por la estupidez del ser humano. No podía hacer una novela feliz, cuando la gente se mataba y no sabía ni por qué se mataba. Era algo delirante, al ser humano le cuesta mucho reprimir esa violencia, la historia lo demuestra.

Periodísta: Volvemos al elemento de ciencia ficción. Aunque en los últimos años ha sido un elemento muy asiduo en las creaciones literarias y cinematográficas en todo el mundo, en España hay muy pocas novelas de este tipo. ¿Cree que el éxito de esta novela y la amplia atención que ha provocado están relacionados con este elemento?
Albert: Yo dije que hay un elemento fantástico, que hay humanidad debajo del agua. Eso no es realista, pero en cuanto a ciencia ficción, ¿dónde está la ciencia? La ciencia de ficción, en mi opinión, es algo que te habla de las posibilidades del futuro de la tecnología. Para mí es muy últil usar el elemento fantástico para hablar de cosas muy presentes en nuestra sociedad, por ejemplo del conflicto armado, cómo vemos a los que no son como nosotros y a las sociedades distintas a la nuestra, cómo asumimos las relaciones con ellos…estas preguntas son muy antropológicas, y se desarrollan mejor en una novela, porque la gente se engancha, quiere saber cómo se acaba la historia, y al mismo tiempo está hablando de estos temas. Cuando el protagonista dice, bueno, estos quizás no son monstruos, quizás son humanos, y quizás podamos hacer la paz, y que esta guerra es absurda si no son monstruos. El lector cuando lo lee, sin duda entiende que esta guerra es absurda, y si es una guerra absurda, lo son todas, porque a partir del momento en que reconoces a tu enemigo como humano, ¿por qué disparas contra él? Intenta dialogar, y seguramente encontrar una forma de convivir. 

Periodísta: ¿En qué sentido cree usted que esa novela va a afectar a los lectores?
Albert: Las novelas nos hacen lúcidos, nos hacen entender la realidad, pero no la cambian. No hay ninguna novela que haya cambiado nunca nada, y es algo triste. Yo puedo decirlo primero porque soy antropólogo, yo estudiaba los pigmeos. Es una sociedad con unos valores increíbles, una sociedad que tiene cosas muy buenas. Por ejemplo, el conflicto social es muy bajo, la discriminación contra la mujer no existe prácticamente. Tienen cosas extraordinarias, aunque nunca han leído un libro, mientras que los otros inventan la bomba tómica. Por eso quizás la literatura no ha logrado progresar mucho. Y segundo, creo que cualquiera que le este libro entenderá que las guerras son absurdas, pero da igual. Tú puedes creer que una guerra es absurda, y lo haces. La literatura no arregla a los malos del mundo, te dice cómo están, y ya está. Es un poco triste.

Periodísta: Hay algo que nos extraña, y es que en sus novelas nunca aparecen elementos de Cataluña.
Albert: En realidad durante mucho tiempo en Cataluña se creyó que la novela no era un libro catalán, porque no había ni un solo protagonista catalán. Pero creo que para hacer literatura catalana no hay que tener protagonistas catalanes que vayan con la barretina… Yo creo que ahí radica la libertad del autor. Los libros pertenecen a las literaturas según el idioma en que se escriban, no por nada más. No sentí de ninguna necesidad poner un protagonista catalán o español porque lo que importa es la historia. Me vendría mejor que un protagonista viniera de Irlanda, porque es otra isla, primero, por que ha estado en una isla, luchando contra un invasor, y cuando va a una isla tan pequeña, él lucha con otros que están allí, incluso vestido de inglés en algún momento. Aquí sobresalen las contradicciones de la humanidad: un individuo que estuvo luchando con otros en un contexto, mientras en otro contexto, puede desempeñar el papel opuesto. Me da igual, si China hubiera sido una isla, igual ponía un protagonista chino. La literatura es universal, o no es literatura. Las buenas historias son universales, aunque ocurran en un pueblo muy pequeño, si las puede leer todo el mundo. Al menos en Cataluña se ha llegado a un consenso de que la literatura catalana es la escrita en catalán, y la castellana la de los que escriben en castellano, porque hay muchos autores catalanes que escriben en castellano, o en los dos idiomas.

Periodísta: ¿En qué situación se encuentra la literatura catalana actualmente en España y en el mundo?
Albert: Muy buena. Es normal que aquí sea menos conocida. Pero una novela catalana ya puede llegar a 10 millones de lectores, que si bien puede parecer poco desde la perspectiva de China, evidencia una notable proyección internacional, tomando en cuenta lo pequeña que es. Entiendo que cuesta más de llegar a China, pero para mí esto demuestra muchas cosas. Primero y sobre todo, la universalidad, da igual en qué idioma escribas, lo que importa es la historia que escribes. Si la historia es interesante ya te traducirán, es una de las cosas buenas de la globalización. Hoy un escritor turco escribe una novela, y a los tres meses, ya la están leyendo en Irlanda: Hace diez años eso sonaba a imposible. Claro que es difícil que la literatura catalana entre en China, donde hace diez años no había nada, pero mira ahora, ya hay al menos algunos libros traducidos. Esto te demuestra que la frontera es mínima, y que las culturas numéricamente pequeñas pueden aportar muchas cosas a la literatura universal. Actualmente sí hay bastantes autores internacionales que se han traducido a más de veinte idiomas, que ya es mucho para una literatura numéricamente tan pequeña. 

Periodísta: ¿Qué elementos de su obra cree usted que interesarán a los lectores chinos?
Albert: Creo que lo que les interesa son las historias universales, que interesan en todas partes. Si yo me sentara y digo “voy a escribir una novela que va a interesar a los lectores chinos,” seguro que sería un fracaso, porque no conozco bastante la cultura china. Pero hay algo que tienen en común todos los seres humanos, en cuanto a qué tipos de historias nos gustan. En cuanto a la historia, por ejemplo, del individuo que se va a una isla desierta atacada por unos monstruos, da igual de qué cultura que tú seas, quieres saber cómo acaba eso, y mientras, puedo aprovechar la historia para exponer ideas universales. Creo que si esa historia la hubiera escrito un chino, de seguro que me interesaría.

Periodísta: ¿Pero cómo pueden los lectores chinos conocer la cultura catalana a través de su obra si no tiene rasgos catalanes?
Albert: Puede ser un puente, en el sentido de que, si ese libro te interesa, seguro que te vas a hacer preguntas. Una cosa te lleva a la otra, se dice. Y si este libro te interesa, quizás buscas a otros autores catalanes, o inquieres de dónde viene ese autor, aunque los personajes vengan de Irlanda o sean subacuáticos. Con muchos autores ocurre eso. Por ejemplo, Kafka nunca te pone personajes de Chequia, de Praga, pero igual estudio las cosas de Chequia, de Praga, de los judíos… porque me interesaban sus novelas. En cambio, si yo hago una novela sobre cómo son los catalanes, que a ellos les gusta el fútbol…eso no va a interesar a nadie, ni a los catalanes, ni llegaría a ningún tipo de lector. En realidad quería hacer el coloquio en catalán, porque yo escribo en catalán. Pero al final no conseguimos un traductor, es una pena. Pero da igual, hablo lo mismo sólo que en otro idioma.

 

* Por Rocío Huang (16 abril 2012)

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