Lejos del mundanal ruido, al estilo huterita

América del Norte es hogar de muchas comunidades religiosas. Los huteritas
forman una de ellas y creen que vivir en comunidad y separados de aquello a lo
que ser refieren como “el mundo” les asegurará un lugar en el cielo.

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Imagínese vivir toda su vida con las mismas 100 personas. Madre, padre, hermanos, hermanas, primos, tíos y tías, abuelos y parientes lejanos.

 Así es la vida para la comunidad huterita en Maple Grove, Canadá, en las remotas praderas de la provincia de Manitoba.

Hay 500 colonias similares en toda Canadá y en Estados Unidos, en los estados de Dakota del Norte y del Sur, hogar de un total de 50.000 huteritas.

Madres huteritasLos huteritas ofrecen una comunidad “de la cuna a la tumba”, centrada en la adoración a Dios y la ayuda a familiares y vecinos.

Los huteritas son una secta anabaptista, fundada por el predicador austríaco Jakob Hutter en el Siglo XVI. Huyeron de la persecución en el Siglo XIX a América del Norte, pero muchos huteritas aún hablan con un fuerte acento alemán y en su mayoría se expresan y rezan en un dialecto de ese idioma.

Para no caer en la tentación

“Deseamos evitar la tentación y todo eso… lo que los ojos ven y la carne desea, eso es lo que queremos evitar”, dice el ministro de Maple Grove, Zach Waldner.

“Si lo ves, probablemente te perderás para siempre, tal como sucedió con nuestros primeros padres, Adán y Eva. Vieron demasiado, vieron que era agradable y bonito, pero esa fue su caída en desgracia”.

Su vida se construye alrededor de la Biblia y la ética de su comunidad es en gran medida “ama a tu prójimo”.

Todo, desde los alimentos, la ropa, los anteojos y otros accesorios son proporcionados por la comunidad y a cambio se espera que los varones ofrezcan su labor para construir casas y hagan otro trabajo requerido en la colonia.

Escape del paraíso

REGLAS HUTERITAS

Familia huterita

  • La tierra y la propiedad pertenecen a la comunidad: los huteritas no reciben pago por su labor.
  • Los huteritas han acogido la tecnología y usan tractores para trabajar la tierra y computadoras para hacer negocios con el mundo exterior.
  • Las decisiones del día a día las toman “los ancianos”, mientras que las decisiones más importantes, de largo plazo, las toman todos los hombres de la comunidad (no las mujeres).
  • Las mujeres cocinan, limpian, cosen y cuidan a los niños mientras los hombres trabajan en la granja y en talleres.
  • Los huteritas que se van sólo pueden regresar a visitar a sus familias con el permiso de los ancianos.

Pero no todos los huteritas pueden soportar este tipo de vida tan insular y claustrofóbico.

La cineasta Lynne Alleway siguió y filmó al sobrino de Waldner, Kelly Hofer, de 19 años, mientras se preparaba para “escapar” de una colonia llamada Green Acres a una nueva vida en la gran ciudad.

“En una colonia huterita, ser un individuo, un ‘yo’, es muy difícil. A todos los animan a tener sus intereses, pero también a que sean por el bien común, no para uno mismo”, comenta Kelly.

Para él, aspirante a una carrera como fotógrafo, esto era un problema.

“La gente ve la fotografía como algo egocéntrico o individualista. Ven la fotografía como algo no esencial, no útil, irrelevante a nuestra vida cotidiana”.

Una de las reglas de los huteritas es que un miembro debe pedir permiso a un anciano para dar un paso fuera de la comunidad, así que la mayoría de los que se van lo hacen en medio de la noche, dejando una nota.

“Cada año, un 10% de los huteritas se va”, indica Alleway. “Se describe como ‘escapar’ y hablan de eso bastante abiertamente”.

Kelly se ha fijado ahora la meta de ser un fotógrafo en Calgary, provincia de Alberta.

Un poquito de tecnología

A diferencia de los Amish, otra denominación anabaptista en EE.UU. y Canadá con la que tienen mucho en común, los huteritas “adoptan selectivamente la tecnología”, agrega Alleway.

Niños huteritas

 

Usan tractores para trabajar la tierra y computadoras para hacer negocios con el mundo exterior, mientras que los Amish han sido cuestionados por evitar incluso los detectores de humo.

“Lo que me intrigó fue que son un grupo de gente que se ha separado del mundo. Se han retirado de lo que describen como las fuerzas malignas del mundo”, comenta Alleway.

Aunque puede que sean pasados de moda y dogmáticos -las mujeres juegan un papel muy tradicional como niñeras, cocineras y encargadas de la limpieza, mientras que las decisiones importantes sobre la conducción de la colonia las toman los ancianos, que son todos hombres- Alleway siempre quedó impresionada por su sentido de comunidad.

“Los viejos, por ejemplo, no son relegados a asilos de ancianos. Los cuidan sus familias. Viven una vida muy comunal y han retenido algo que nosotros hemos perdido en el mundo exterior”, agrega.

En el mundo de hoy, azotado por la economía y la amenaza del desempleo y la falta de vivienda, esta cultura “de la cuna a la tumba” podría ser atractiva, afirma.

Pero el aislamiento tiene sus desventajas.

“Obviamente el acervo genético es muy limitado”, dice Alleway. “Para encontrar un esposo o esposa, tienen que ir a otra comunidad huterita. Siempre son las mujeres las que se mudan a vivir con sus maridos y sus familias”.

 

* Chris Summers, BBC,  Sábado, 13 de abril de 2013

 

 

 

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