¿Qué dicen los clásicos rusos sobre la guerra?

El actual conflicto en Ucrania plantea delicadas cuestiones morales, haciendo que se debatan las razones y el significado del uso de la fuerza militar y si debería permitirse, para empezar. RBTH analiza lo que cuatro grandes autores rusos opinaron sobre la guerra. Cada una de las citas, que proceden de diferentes momentos de la historia del país y se refieren a acontecimientos diferentes, siguen siendo actuales. Aún hoy en día se publica el mismo abanico de opiniones, tanto en los medios de comunicación tradicionales como en las redes sociales, en relación a la crisis en Ucrania.

 

Lev Tolstói:

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“Nunca podré estar de acuerdo con los que me dicen que la culpa de una guerra la tiene solo una de las partes. Se puede estar de acuerdo en que una de las partes se comporta peor que la otra, pero los intentos por decidir cuál es peor nunca podrán, ni remotamente, explicar por qué tiene lugar algo tan horrible, cruel e inhumano como una guerra. Para alguien que no cierra sus ojos ante la verdad, estas razones son obvias. Son tres, en concreto: la primera, la desigual distribución de la riqueza, esto es, hay gente que roba a otra. Segunda, la existencia de una casta militar, esto es, gente que está entrenada y destinada a matar. Tercera, las falsas y deliberadamente engañosas enseñanzas religiosas en las que se educa por la fuerza a los jóvenes”.(De una carta a G.M. Volkonski, 4 de diciembre, 1899)
Tolstói, uno de los mayores pacifistas de la historia de Rusia, no siempre siguió estos pacíficos principios: fue su experiencia militar lo que hizo que cambiase. Tolstói participó en la defensa de Sebastopol durante la Guerra de Crimea (1853-1856) y en la campaña militar en el Cáucaso. Después de eso, empezó a rechazar frontalmente cualquier tipo de asesinato y, a partir de ahí, también muchas de las instituciones sociales del momento, incluyendo la Iglesia y el Estado.

 

Fiódor Dostoievski:

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“En algunos casos, no en todos (quizá con la excepción de las guerras civiles), una guerra es un proceso en el que se alcanza la paz internacional y se establecen relaciones internacionales normalizadas con el menor derramamiento de sangre, el menor dolor y el menor esfuerzo… Más bien es la paz, la paz prolongada la que convierte a las personas en animales y las vuelve crueles, no la guerra… Una guerra por un ideal generoso y espiritual, para liberar al oprimido, por una idea sagrada y desinteresada, una guerra así purifica el aire corrompido por miasmas, sana el alma, elimina la pereza y la cobardía vergonzosas, plantea y clarifica la idea que esta o aquella nación está destinada a llevar a cabo. Una guerra así fortalece el alma de cada individuo mediante la idea de autosacrificio y el alma de toda la nación mediante la idea de solidaridad mutua y de la unidad de todas las personas que la componen”. (Diario de un escritor, 1876. “¿Nos salvará el derramamiento de sangre?”)

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En 1877 Rusia le declaró la guerra a Turquía. Además de las causas políticas, la guerra estaba motivada por un elevado ideal: se consideraba asistencia fraternal a los pueblos de Bulgaria y Serbia, oprimidos por los turcos. Fue antes de esa guerra y durante su primer año cuando Dostoievski publicó Diario de un escritor, en el que dedicó muchas páginas a sus pensamientos s obre la guerra y sobre política europea en general.
Este comentario sociopolítico de hace 150 años es sorprendentemente parecido al análisis político actual en la red, con el mismo fervor, ímpetu en la opinión y pasión por las predicciones y pronósticos. Antes de que Rusia entrase en guerra oficialmente, Dostoievski debatió la posibilidad de una guerra no declarada, luchada por voluntarios, un claro paralelo con los acontecimientos actuales en el sureste de Ucrania.

 

Borís Pasternak:

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“Tenemos que elevar nuestros tiempos modernos y llenarlos de espiritualidad para que todos y cada uno de los días que pasen sean más y más valiosos, de modo que sea una pena perderlos y ser privado de ellos, que la vida se vuelva atrayente, espiritual y se llene de belleza inspirada, que no haya ningún deseo agotador de matar o morirse. No conozco y no puedo imaginar ningún otro modo de oponerse a una guerra”. (Cartas, vol. 10)

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En los tiempos soviéticos, la campaña oficial “Lucha por la paz” se convirtió en una poderosa tendencia propagandística. Famosos escritores fueron invitados con frecuencia a eventos organizados como parte de esa campaña. El único modo que un escritor tenía de expresar su opinión personal sobre la guerra, sin la ostentosa grandilocuencia y los arabescos ideológicos obligatorios, era en un diario o en su correspondencia privada. En este emotivo pasaje se puede oír el eco de los sentimientos de Tolstói.

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Por cierto, se ha comparado la novela Doctor Zhivago con Guerra y paz de Tolstói. Sin embargo, en las cartas de este Premio Nobel se recoge también la opinión opuesta: “La guerra tiene un gran efecto liberador en todo mi bienestar, mi salud, capacidad de trabajo y sentido del destino”. El propio Pasternak no luchó ni en la Primera ni en la Segunda Guerra Mundial. Su actitud hacia la guerra no estaba motivada por la experiencia, sino por sus emociones y su temperamento poético.

 

Alexander Solzhenitsyn:

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“Ninguna guerra es una salida. La guerra es muerte. La guerra es terrible no por el avance de las tropas, las casas incendiadas, los bombardeos. La guerra es terrible porque subordina todo lo pensante al poder legítimo de la estupidez… Aunque, para ser honesto, aquí las cosas son así incluso sin guerra”.(El primer círculo, novela, 1958)

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Solzhenitsyn, un oficial en servicio cuando fue enviado a prisión y luego a los campos directamente desde la primera línea de batalla, condena sin paliativos una guerra emprendida por un Estado totalitario, incluso si la guerra se dirige contra un obvio agresor: “Cualquier situación militar solo sirve como justificación para la tiranía dentro del país, solo la fortalece”.
Para complementar esta imagen, merece la pena recordar otra cita más, aunque no procede de un hombre de letras. El magnate actual Borís Berezovski, que fue en su día una celebridad popular, dijo una vez: “Hace falta un gran esfuerzo para hacer que completos extraños vayan y mueran por sus propios asuntos”.

 

* Textos de Mijáil Bútov, para RBTH, 21 de julio de 2014
Mijáil Butov es un escritor ruso, ganador del Libro del Año en Rusia.

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Mario Vargas llosa: Contra el e-Book y a defender” la lengua española

El Nobel de Literatura destacó el trabajo de escritores latinoamericanos que “han mantenido la unidad y fecundidad de nuestro idioma”.

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El Premio Nobel peruano Mario Vargas Llosase muestra esperanzado de que el libro en papel no desaparezca y coexista con su homólogo digital, mientras evalúa que la literatura en lengua española “está en buen pie”.

Vargas Llosa considera que, en el caso del libro, el soporte no es una cuestión menor.

“Estoy convencido de que la literatura que se escribiría exclusivamente para las pantallas sería mucho más superficial, de puro entretenimiento, conformista”, dijo a DPA hoy durante el VI Congreso Internacional de la Lengua Española en Ciudad de Panamá.

“El espíritu crítico, que ha sido algo que ha resultado sobre todo de las ideas contenidas en los libros de papel, podría empobrecerse extraordinariamente si las pantallas acabaran por enterrar a los libros”, manifiesta.

EL NÚMERO DE LECTORES AUMENTA
Las letras iberoamericanas, afirma con optimismo el autor de “Conversación en La Catedral” y “La ciudad y los perros”, “gozan de buena salud”. “Ha habido una crisis económica que ha afectado algo, pero mucho menos de lo que se temía. Creo que el libro sigue circulando”.

Al respecto, apunta que “es interesante saber por ejemplo que el número de lectores aumenta, aunque no tanto la venta de libros, pero sí el número de lectores, y ese es un síntoma muy alentador”, señala Vargas Llosa.

El escritor peruano fue el gran protagonista de la jornada inaugural del VI Congreso que abrió el telón el domingo y proseguirá hasta el miércoles en el Centro de Convenciones Atlapa bajo el lema “El español en el libro: del Atlántico al Mar del Sur”.

El desarrollo de las nuevas tecnologías implica “una problemática nueva, con la gran transformación que ha significado para el libro, para la cultura en general”, sostiene el galardonado autor, que presentará este martes en Panamá su más reciente novela, “El héroe discreto”.

CULTURA DIGITAL
El camino que se abre para la industria editorial es, mayormente, de incertidumbre. Es “muy difícil profetizar qué cosa va a ocurrir, si el libro digital va a anular enteramente al libro de papel”. También queda por saber “si va a haber finalmente una legalidad respecto al libro digital y a la cultura digital”, añade.

“Eso va a ser un elemento absolutamente fundamental en la dirección que tome la cultura en el futuro inmediato”, estima Vargas Llosa.

De todas maneras el Premio Nobel confía en que el tradicional libro de papel sobreviva los embates de la tecnología. “Yo creo que hay que hacer todo lo posible por que no desaparezca, por que coexista con el libro digital”, recomienda con fervor.

Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa instó a “cuidar y defender” la lengua española

El escritor peruano Mario Vargas Llosa, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2010, destacó hoy en Panamá que el idioma español se fortalece y expande cada día, pero no se debe descuidar ni dejar de defender.

En la sesión inaugural del VI Congreso Internacional de la Lengua Española, en presencia del Príncipe de Asturias y el presidente panameño,Ricardo Martinelli, Vargas Llosa aseguró que el español “sigue creciendo, rebasando fronteras y ocupando con una fuerza natural cabezas de playa en muchos otros países”.

El Congreso, bajo el lema “El español en el libro: del Atlántico al Mar del Sur”, reunirá hasta el miércoles en un centro de convenciones de la capital panameña a escritores, profesores y académicos, incluidos los directores del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, y de la Real Academia Española (RAE), José Manuel Blecua, quienes también participaron en la inauguración.

DEFENDER Y CUIDAR LA LENGUA ESPAÑOLA
El narrador peruano, que acaba de publicar la novela “El héroe discreto”, dijo que el avance permanente del español demuestra el “dinamismo, utilidad y fecundidad” de esta lengua.

De acuerdo con el autor de “Conversación en la catedral”, tener una lengua de estas características “implica también una obligación.

Vargas Llosa indicó que esto es así “porque las lenguas, como la vocación, como la amistad, como el amor, esas grandes experiencias humanas,necesita ser cuidada y respetada para durar, crecer y mejorar”.

En ese sentido, afirmó, “necesitamos defender y cuidar nuestra lengua, no cerrándola, desde luego, a las influencias extranjeras”.

DINAMISMO DE LA MODERNIDAD
Añadió que es importante el esfuerzo por mantener su cohesión y “al mismo tiempo que dinamizando su modernidad y actualidad, respetando esa riquísima, esa maravillosa tradición que la ha constituido”.

En este camino están grandes escritores “que tienden puentes entre todos los hispanohablantes del mundo”, destacó Vargas Llosa. “Esos grandes artistas y escritores (son los) que con su palabra han mantenido la unidad y fecundidad de nuestro idioma”, subrayó el novelista peruano.

Agregó, por otro lado, que entre las maneras de querer, respetar y enriquecer el idioma español, impidiéndole que se empobrezca y se degrade, están actividades como el Congreso de la Lengua Española.

“El libro entre el Atlántico y el Pacífico”; “La industria del libro”; “Libro, lectura y educación”, y “El libro entre la creación y la comunicación” son las secciones en las que girarán los debates del Congreso sobre derechos de autor y propiedad intelectual, la era digital, el papel del blog y la crítica literaria.

Vargas Llosa, quien estuvo acompañado en el acto inaugural por los escritores Sergio Ramírez, de Nicaragua, y Juan David Morgan, de Panamá, presentará en el marco del Congreso de la Lengua su última novela, “El héroe discreto”, en un coloquio con la escritora española Rosa Montero.

* EFE, 21 Octubre 2013

Mario Vargas Llosa contra el conformismo

El escritor presentó a los periodistas «La civilización del espectáculo», un alegato lleno de claridad en defensa de la cultura.

Hablar de cultura con Mario Vargas Llosa es siempre un lujo. Pero hacerlo hoy es hablar del valor y el riesgo que nuestra sociedad ha asociado a la cultura. El escritor y premio Nobel acaba de publicar «La civilización del espectáculo» (Alfaguara), un testimonio personal y candente sobre la cuestión. Una advertencia sobre las consecuencias catastróficas de «la banalización de la cultura, de reducir la cultura a la mera diversión», en sus palabras.

Hay que agradecer la claridad que el gran narrador ha sabido imponer a su argumentación, salpicada con textos periodísticos, como ventanas a la realidad. Esa capacidad de poner los pies en la tierra le da una dimensión de intelectual comprometido con su tiempo, muy valorada en los escritos Vargas Llosa.

Acabar con la cultura

Y la claridad empieza con la primera frase en su encuentro con periodistas: «Democratizar la cultura al final ha significado el empobrecimiento de la cultura y la confusión de los valores porque la idea de acabar con el elitismo se convirtió al final en la idea de querer acabar con la cultura».

 

La cultura hace ciudadanos exigentes, la diversión los hace conformistas

El mayor peligro lo ve Vargas Llosa en las consecuencias a largo plazo en las sociedades democráticas, porque la cultura crea ciudadanos exigentes y críticos, mientras que el entretenimiento genera conformismo: «Hay gente que está contenta porque cree que tenemos por fin una cultura democrática, pero yo no —asevera—. Creo que la banalización, convertir la cultura en mero espectáculo o diversión, tiene consecuencias nefastas sobre todo para la sociedad democrática. Forma seres sin espíritu crítico y eso desembocará irremediablemente en formas de totalitarismo porque sin imaginación o capacidad crítica, en un mundo conformista, es más fácil manipular a la sociedad. La cultura es un entretenimiento creativo, que te inquieta, desarrolla en ti cierta desconfianza hacia el mundo en que vives que para mí es la fuente del progreso e impulsa los cambios». «Pero la cultura del mero entretenimiento no deja huella», se lamenta.

 

Los medios son el efecto más que la causa de la banalización

Para Vargas Llosa, los medios de comunicación son más el efecto que la causa de la banalización. «El amarillismo es la forma extrema de la necesidad de entretenimiento que ha impregnado al periodismo. Los medios serios no están en condiciones de competir con los que viven solo del entretenimiento». Pero eso, en su opinión, es porque «el público demanda ese producto, la fuente es esa cultura de entretenimiento.Cuando lo entretenido es el valor supremo de la información cualquier cosa puede ocurrir».

La culpa de los políticos

Ni los políticos ni los intelectuales se salvan de su mirada crítica. Unos y otros por distintas causas han ayudado en ese proceso de disolución de los valores de la cultura. Los políticos dejando a un lado las preocupaciones éticas de su cometido y cayendo en «campañas políticas que son espectáculo, determinado por la publicidad más que por las ideas». Y los intelectuales aislándose y haciéndose cada vez más ininteligibles, lo que es un desprecio hacia el público.

«Es aterrador —confiesa— ver a personas como los grandes economistas, tan bien informadas, que cuando salen de su campo se convierten en seres ignaros. ¡Ignaros! Cada vez nos pasa más, creamos ese tipo de ciudadanos. La función de la cultura era establecer el denominador común para todos, algo que la ciencia no puede hacer (no todos entienden la Relatividad, pero sí pueden disfrutar de la Capilla Sixtina)».

Los demonios de la libertad

Y aunque estos peligros son hijos de la libertad, la ponen en peligro, en su opinión: «La libertad es un valor primordial, pero aunque ello nos angustie, no garantiza que elijamos lo correcto», dice Vargas Llosa. Para el Nobel, «lo único que puede frenar los excesos de la vida pública es la cultura, como yo la entiendo. Una cultura que no permite libelo. Pero la cultura que vivimos hoy día no solo no sanciona el libelo, sino que lo busca y lo paga a precio de oro. Al final, el freno de la cultura provocaría un rechazo natural frente a lo que violenta el buen gusto. No creo que con leyes especiales se pueda frenar el amarillismo. La cultura tiene un peso moral, ahí también vemos el riesgo de banalizarla… Con cultura la sociedad sufriría menos, porque es una fuente de enriquecimiento personal que redunda en enriquecimiento social. El amarillismo es un hijo deforme y perverso de la libertad».

*Por JESÚS GARCÍA CALERO / MADRID / 18/04/2012

La escritora española Maruja Torres quiere morir matando

Dice Maruja Torres que la novela negra es una cosa de vejez. Que lo que a ella le gusta hacer ahora es “elegir a personas detestables, atarlas, imaginar el asesinato y luego hacer justicia”. Que de esta forma “destilas la maldad”, y que disfruta colocando a personajes de clase social alta como los malos, aquellos que matan “por ser más ricos, por tapar sus errores, por tener una vida más cómoda”. Reconoce que parece un tópico, pero que “es encantador envejecer y morir matando”.

Maruja Torres da buena cuenta de una cerveza bien fría y de un plato de salmón ahumado a los pies de las pirámides de Guiza, no lejos de donde comienza su última novela, “Sin entrañas”. La ex-reportera metida a detective por amor al arte Diana Dial, el alter ego de la Torres, con su mismo peinado, su misma lenguaraz desvergüenza y su mismo amor a decir lo que piensa, ha regresado a las librerías para resolver un nuevo crimen, esta vez en el Nilo. Un homenaje paródico a la gran novela deAgatha Christie, con un vapor, un misterio, el río y hasta una Lady (dos, para ser más exactos, una auténtica y una falsa); pero en lugar de ingleses, Maruja Torres ha llenado el barco de catalanes.

La autora ha viajado a El Cairo con un grupo de periodistas para presentar su libro, publicado por la editorial Planeta, y disfruta enseñando a los reporteros las maravillas de una ciudad que le fascina. Aunque las piernas le traicionan y reconoce que “este no es país para cojos”, Maruja trota con la imaginación por las pirámides, por el bazar de Jan al Jalili, compra regalos, habla con los parroquianos y pide una shisha (pipa de agua) tras otra. Se nota que añora Oriente Medio.

Ha ambientado la novela en los años previos al estallido de la revolución, “porque eso es lo que yo conocí, lo de Tahrir lo vi desde mi sofá y a través de Al Yazira, siendo muy consciente de que mi época ya no era ésta, mi época reporteril ya había pasado”. El paso del tiempo es un asunto queMaruja Torres, de 69 años, recuerda varias veces en la conversación, como cuando explica cómo Egipto le poseyó cuando vino en 2005 con varios amigos a arrojar las cenizas de su entrañable Terenci Moix en la bahía de Alejandría. “A mí las pirámides y los monumentos de aquí no me interesaban, me fascinaba más Petra, hasta que las entendí. Y las entendí a través de eso que escribía siempre Terenci sobre el sentido del tiempo y la muerte, y el deseo de eternidad. Cuando te haces mayor, eso lo entiendes mejor, no ves un monumento, ves otra cosa”, reconoce.

Maruja Torres ha entrado en el club de la novela negra –su debut fue “Fácil de matar” (2011), ambientada en Beirut-, y se divierte como una chiquilla haciendo maldades. Dice que disfruta estando “con los más golfos de la literatura”, y que “los autores son mucho menos pomposos y me lo tomo mucho mejor, porque yo nunca me he tomado en serio a mí misma como autora, hago el trabajo lo mejor que puedo pero no voy a cambiar la historia de la literatura”. Pero, ojo, “hay gente que tampoco la va a cambiar y se lo cree”, puntualiza.

«Hay una depresión salvaje»

Escribir una novela criminal supone “vivir durante un año en un mundo de fantasía, con los problemas que tú te pones. A ver, ¿cómo coño mato al cantante? Es un artefacto”, describe Torres. Dice la autora que la novela negra se ha puesto de moda “porque hay una depresión salvaje, y el género nació en Estados Unidos con la gran depresión”, y que la novela negra social es más cosa de hombres, que a las mujeres nos va más el crimen.

Puede ser, pero en “Sin entrañas”, también hay crítica social, un retrato, quizás a pinceladas, del Egipto que estalló el 25 de enero de 2011, ahogado por los corruptos, reflejados en el libro porHadi Sueni, ese director general de Antigüedades de sombrero Fedora y bolsillos amplios (un Zahi Hawass mal disimulado), e impulsado por los jóvenes con estudios y sin esperanzas, como Ismail en la novela, también inspirado en un amigo suyo. Y hay en el libro una descripción -exagerada, sin duda, pero presente en Oriente Medio-, del neocolonialismo, de los occidentales que llegan atraídos por el romanticismo de lo exótico, de ese Oriente de Agatha Christie y de“Description de l’Egypte”, que ya no existe pero que se empeñan en reproducir. “Yo he visto mucho el neocolonialismo y lo sigo viendo, e incluso tengo amigos que lo practican, que van a los sitios a lo que van. Yo voy a los sitios por amor al sitio, no por amor al otro, del que es mejor abstenerse si quieres tener una vida tranquila y una reputación”, apunta, pícara, la autora.

Es posible que a ese sueño le quede poco tiempo. El auge del islamismo en Egipto impone una realidad diferente. “Yo he visto crecer las barbas aquí y amontonarse los pañuelos en las cabezas”, afirma Maruja Torres, que ha dejado esa crítica para sus columnas y sus artículos, no para la novela. Pero recuerda, imitando con sorna la voz de un señor mayor con acento supuestamente árabe, cómo, tras una entrevista a un imán de Al Azhar cuando vino la primera vez a El Cairo en su época de reportera, con la primera guerra del Golfo, la institución le vetó. El imán le dijo que en Occidente no hacían felices a las mujeres porque no les daban hijos, y la autora, que ha tenido que escuchar esa perorata muchas veces en la región, se vengó en su artículo.

Desde entonces, reconoce, poco ha cambiado: “aunque hay mucho despertar, incluso entre mujeres veladas, el futuro de la mujer no se resuelve sin el fututo del hombre, y esto no se resuelve sin dinamitar la familia desde sus cimientos. El mundo musulmán, y yo diría que el árabe, tiene que descubrir el individualismo, el respeto a la vida y pensamiento propio, eso te lleva a respetar al otro. O avanzan todos junto o se hunden todos juntos”.

 

* PAULA ROSAS / EL CAIRO /Miercoles 18/04/2012 

La literatura nos hace entender la realidad, pero no la cambia

En ocasión de publicarse la versión en chino de su novela La piel fría, Albert Sánchez Piñol, uno de los autores catalanes más prominentes, realizó su primera visita a China, donde aceptó una entrevista con Pueblo en Línea. 
Albert Sánchez Piñol recibió el premio Ojo Crítico en 2003 y el Grinzane-Francesco Biamonti en 2005, por su obra La piel fría. Esta buena recepción a su obra está avalada asimismo por la traducción de la misma a 35 lenguas, lo que hace de este texto el libro en catalán más traducido de todos los tiempos. Además, ya hay planes de producir en Hollywood un filme basado en la novela.

 

Periodísta: Usted es antropólogo y está especializado en estudios africanos, ¿Cómo decide dedicarse a la creación literaria? Y la antropología, ¿en qué sentido influye en sus novelas?
Albert: Cuando empezé a estudiar antropología ya escribía, aunque poco. Siempre quise ser un novelista un poco distinto. En España y en Cataluña, la mayoría de los escritores son filólogos, y eso hace que un escritor filólogo domine muy bien el lenguaje, pero que al mismo tiempo tenga argumentos más limitados. En cambio, la antropología me da una libertad para crear argumentos distintos y sorpredentes dentro de lo normal. Hay pocas novelas que traten esas temáticas y creo que en el caso mío lo debo a la antropología.

Periodísta: Su novela La piel fría incluye el elemento fantástico, que desempeña un papel muy importante en el argumento, por eso algunos críticos la califican como novela de ciencia ficción, ¿está de acuerdo?
Albert: En La piel fría hay un elemento fantástico, ligado a la inhumanidad, en forma de unos monstruos subacuáticos, pero al mismo tiempo hay una idea muy antropológica. A primera vista, la novela es de fantasía, sobre un individuo que lucha contra los monstruos acuáticos. Pero a mitad de la novela se plantea una pregunta básicamente filosófica, o sea, si el enemigo no es un monstruo, el conflicto será aun peor, porque hasta ese momento, el protagonista sólo tenía que matar monstruos para sobrevivir, pero a partir del momento en que se hace la pregunta, tendrá que decidir si hace la guerra o si hace la paz, porque si no es un monstruo, ya es posible dialogar. Y si es posible dialogar no vas a hacer la guerra. Pero siempre es más difícil hacer la paz que la guerra. Ahí es cuando la antropología te aporta preguntas morales. Es una cuestión narrativa que al principio tuvo algo de ciencia ficción, pero a la cual la antropología aporta profundidad.

Periodísta: Pero al final el protagonista no logró la paz…
Albert: Es que hace un millon de años los seres humanos hacían la guerra. Lo que tenemos en este libro es que la guerra no es absoluta, pero a lo mejor es inevitable, porque no hay manera. Yo acabo de ver en televisión lo que está pasando en Siria, y hace un millon de años lo hacíamos así. Sí, siempre hay guerra, y no quiero hacer una novela rosa, no tuve obligaciones para hacer un final feliz. Hay que explicar. Yo como antropólogo, justo antes de escribir La piel fría, regresaba del Congo. Había estado en el centro de África haciendo antropología, y me sorprendió la guerra civil del Congo, que fue una guerra brutal con tres millones de muertos, entonces yo volví un poco deprimido, por la estupidez del ser humano. No podía hacer una novela feliz, cuando la gente se mataba y no sabía ni por qué se mataba. Era algo delirante, al ser humano le cuesta mucho reprimir esa violencia, la historia lo demuestra.

Periodísta: Volvemos al elemento de ciencia ficción. Aunque en los últimos años ha sido un elemento muy asiduo en las creaciones literarias y cinematográficas en todo el mundo, en España hay muy pocas novelas de este tipo. ¿Cree que el éxito de esta novela y la amplia atención que ha provocado están relacionados con este elemento?
Albert: Yo dije que hay un elemento fantástico, que hay humanidad debajo del agua. Eso no es realista, pero en cuanto a ciencia ficción, ¿dónde está la ciencia? La ciencia de ficción, en mi opinión, es algo que te habla de las posibilidades del futuro de la tecnología. Para mí es muy últil usar el elemento fantástico para hablar de cosas muy presentes en nuestra sociedad, por ejemplo del conflicto armado, cómo vemos a los que no son como nosotros y a las sociedades distintas a la nuestra, cómo asumimos las relaciones con ellos…estas preguntas son muy antropológicas, y se desarrollan mejor en una novela, porque la gente se engancha, quiere saber cómo se acaba la historia, y al mismo tiempo está hablando de estos temas. Cuando el protagonista dice, bueno, estos quizás no son monstruos, quizás son humanos, y quizás podamos hacer la paz, y que esta guerra es absurda si no son monstruos. El lector cuando lo lee, sin duda entiende que esta guerra es absurda, y si es una guerra absurda, lo son todas, porque a partir del momento en que reconoces a tu enemigo como humano, ¿por qué disparas contra él? Intenta dialogar, y seguramente encontrar una forma de convivir. 

Periodísta: ¿En qué sentido cree usted que esa novela va a afectar a los lectores?
Albert: Las novelas nos hacen lúcidos, nos hacen entender la realidad, pero no la cambian. No hay ninguna novela que haya cambiado nunca nada, y es algo triste. Yo puedo decirlo primero porque soy antropólogo, yo estudiaba los pigmeos. Es una sociedad con unos valores increíbles, una sociedad que tiene cosas muy buenas. Por ejemplo, el conflicto social es muy bajo, la discriminación contra la mujer no existe prácticamente. Tienen cosas extraordinarias, aunque nunca han leído un libro, mientras que los otros inventan la bomba tómica. Por eso quizás la literatura no ha logrado progresar mucho. Y segundo, creo que cualquiera que le este libro entenderá que las guerras son absurdas, pero da igual. Tú puedes creer que una guerra es absurda, y lo haces. La literatura no arregla a los malos del mundo, te dice cómo están, y ya está. Es un poco triste.

Periodísta: Hay algo que nos extraña, y es que en sus novelas nunca aparecen elementos de Cataluña.
Albert: En realidad durante mucho tiempo en Cataluña se creyó que la novela no era un libro catalán, porque no había ni un solo protagonista catalán. Pero creo que para hacer literatura catalana no hay que tener protagonistas catalanes que vayan con la barretina… Yo creo que ahí radica la libertad del autor. Los libros pertenecen a las literaturas según el idioma en que se escriban, no por nada más. No sentí de ninguna necesidad poner un protagonista catalán o español porque lo que importa es la historia. Me vendría mejor que un protagonista viniera de Irlanda, porque es otra isla, primero, por que ha estado en una isla, luchando contra un invasor, y cuando va a una isla tan pequeña, él lucha con otros que están allí, incluso vestido de inglés en algún momento. Aquí sobresalen las contradicciones de la humanidad: un individuo que estuvo luchando con otros en un contexto, mientras en otro contexto, puede desempeñar el papel opuesto. Me da igual, si China hubiera sido una isla, igual ponía un protagonista chino. La literatura es universal, o no es literatura. Las buenas historias son universales, aunque ocurran en un pueblo muy pequeño, si las puede leer todo el mundo. Al menos en Cataluña se ha llegado a un consenso de que la literatura catalana es la escrita en catalán, y la castellana la de los que escriben en castellano, porque hay muchos autores catalanes que escriben en castellano, o en los dos idiomas.

Periodísta: ¿En qué situación se encuentra la literatura catalana actualmente en España y en el mundo?
Albert: Muy buena. Es normal que aquí sea menos conocida. Pero una novela catalana ya puede llegar a 10 millones de lectores, que si bien puede parecer poco desde la perspectiva de China, evidencia una notable proyección internacional, tomando en cuenta lo pequeña que es. Entiendo que cuesta más de llegar a China, pero para mí esto demuestra muchas cosas. Primero y sobre todo, la universalidad, da igual en qué idioma escribas, lo que importa es la historia que escribes. Si la historia es interesante ya te traducirán, es una de las cosas buenas de la globalización. Hoy un escritor turco escribe una novela, y a los tres meses, ya la están leyendo en Irlanda: Hace diez años eso sonaba a imposible. Claro que es difícil que la literatura catalana entre en China, donde hace diez años no había nada, pero mira ahora, ya hay al menos algunos libros traducidos. Esto te demuestra que la frontera es mínima, y que las culturas numéricamente pequeñas pueden aportar muchas cosas a la literatura universal. Actualmente sí hay bastantes autores internacionales que se han traducido a más de veinte idiomas, que ya es mucho para una literatura numéricamente tan pequeña. 

Periodísta: ¿Qué elementos de su obra cree usted que interesarán a los lectores chinos?
Albert: Creo que lo que les interesa son las historias universales, que interesan en todas partes. Si yo me sentara y digo “voy a escribir una novela que va a interesar a los lectores chinos,” seguro que sería un fracaso, porque no conozco bastante la cultura china. Pero hay algo que tienen en común todos los seres humanos, en cuanto a qué tipos de historias nos gustan. En cuanto a la historia, por ejemplo, del individuo que se va a una isla desierta atacada por unos monstruos, da igual de qué cultura que tú seas, quieres saber cómo acaba eso, y mientras, puedo aprovechar la historia para exponer ideas universales. Creo que si esa historia la hubiera escrito un chino, de seguro que me interesaría.

Periodísta: ¿Pero cómo pueden los lectores chinos conocer la cultura catalana a través de su obra si no tiene rasgos catalanes?
Albert: Puede ser un puente, en el sentido de que, si ese libro te interesa, seguro que te vas a hacer preguntas. Una cosa te lleva a la otra, se dice. Y si este libro te interesa, quizás buscas a otros autores catalanes, o inquieres de dónde viene ese autor, aunque los personajes vengan de Irlanda o sean subacuáticos. Con muchos autores ocurre eso. Por ejemplo, Kafka nunca te pone personajes de Chequia, de Praga, pero igual estudio las cosas de Chequia, de Praga, de los judíos… porque me interesaban sus novelas. En cambio, si yo hago una novela sobre cómo son los catalanes, que a ellos les gusta el fútbol…eso no va a interesar a nadie, ni a los catalanes, ni llegaría a ningún tipo de lector. En realidad quería hacer el coloquio en catalán, porque yo escribo en catalán. Pero al final no conseguimos un traductor, es una pena. Pero da igual, hablo lo mismo sólo que en otro idioma.

 

* Por Rocío Huang (16 abril 2012)

“Confío en que algunos de mis libros me sobrevivan”

El autor jerezano habla de la que asegura que será su última obra, ‘Entreguerras’, un “poema fluvial” hecho de memorias.

Observa fijamente José Manuel Caballero Bonald (Jerez, 1926) al pasado, del que hay mucho que contar. Y prefiere mirar de refilón al futuro. El autor asegura queEntreguerras o De la naturaleza de las cosas (Seix Barral) es su última obra. Ya advirtió de que en narrativa no iba a publicar más, sin embargo en poesía las musas son más caprichosas y cabezotas, aunque la consigna sea la contraria. Aquí, las confesiones de un viajero en el tiempo.

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(José Manuel Caballero Bonald, en su casa de Madrid, con una de sus obras.)

-¿Qué es Entreguerras

-Pues es un extenso poema unitario de casi tres mil versos, lo que se entiende como un poema fluvial, un largo soliloquio en el que he ido acumulando muchas memorias dispersas, muchas experiencias vividas, muchos libros escritos. Aparte lógicamente de los injertos imaginativos, de pura ficción. La poesía también es un género de ficción. Creo que Entreguerras desborda sus cauces naturales y se aproxima a lo que podría ser una síntesis de la totalidad, es decir, un resumen de lo más memorable que he ido viviendo por el mundo adelante. 

-He leído que es su retirada, su última obra. ¿Cómo sejubila un escritor? ¿Es que las musas también tienen su tiempo? ¿Siente acaso en este momento más liberación que pesadumbre? 

-No sé, quizá me sienta más liberado que otra cosa. En cualquier caso, creo que después de este libro no voy a escribir más, no me va a hacer falta. Hace tiempo que desistí de escribir una nueva novela o de continuar mis memorias, pero, claro, no podría decir lo mismo de la poesía. A lo mejor, un día, de pronto, se me ocurren las primeras palabras posibles de un poema. Y, claro, no voy a evitar esa tentación. También es verdad que, con los años, me he vuelto más escéptico, más descreído, cada vez creo menos en más cosas, y también me siento un poco inclinado a no volver a escribir nada más, por pura desgana. 

Usted ha dicho en más de una ocasión que “queda mucho pasado“. ¿Qué es entonces el porvenir ahora? 

-El porvenir es ya un espacio muy angosto, cada vez más angosto, mientras el pasado es cada vez más extenso… Miro para atrás y es como si me asomara a un pozo sin fondo. A veces me asombra comprobar la cantidad de cosas que he ido dejando atrás, tantas peripecias, tantos viajes, tantos libros… tantas entreguerras. 

-¿Cómo ha sido la elaboración de esta obra? 

-Como ocurre más o menos con todo proyecto poético, se me ocurrió por acumulación de ideas. Un día se me fue agudizando el deseo de escribir una nueva versión, digamos que en clave más interiorizada, de ciertos episodios autobiográficos que considero significativos. Quien quiera saber quién soy, tendrá que leer este libro, aun entendiendo que entre ese balance de experiencias también hay mucha invención, muchos injertos de ficción. Ya se sabe que la poesía no tiene por qué contar verdades o certezas, sino que se puede inventar de acuerdo con lo que vaya exigiendo el propio poema. La única verdad del poema es la calidad de la lengua en que está escrito. 

Es testamentaria y autobiográfica, adelantó meses atrás. ¿Qué quiere decir? ¿A qué parte de su vida o de los demás hace referencia? ¿Cómo ha sido la selección de esos momentos? 

-La selección de experiencias, de hechos vividos, ha sido bastante complicada. Pero tampoco me llevó mucho tiempo comprender que el poema tenía que funcionar como el flujo y reflujo de la memoria, como la marea de los recuerdos, sin atenerse a ningún orden ni cronológico ni temático. Para describir las cosas tal como habían ocurrido ya estaban los dos tomos de mis memorias. En Entreguerras tenía que contar lo que se me había quedado detrás de la realidad, esos materiales medio secretos que acaban constituyendo una parte esencial de tu vida. 

-¿Qué tipo de viaje hace en este libro? 

-Digamos que podría ser un viaje a la semilla, un viaje a las fuentes de mi personalidad, ese regreso a lugares y personas que han ido dando forma a mi manera de ser, a mi modo de vivir. Me imagino que también hay rastros de otros buenos y malos viajes, de lo que alguna vez he llamado las zonas prohibidas de la experiencia… 

Quizás ya no escriba más poesía, y dejó la narrativa hace tiempo. ¿En qué invertirá ahora sus ganas y su tiempo? Imagino que no recurrirá a ser uno de esos Bonald acostados de los que habló una vez en una entrevista, esos familiares que decidieron ver pasar la vida desde la cama. 

-No crea que me faltan ganas. Te levantas por la mañana, te asomas al mundo, y después de leer las últimas noticias lo primero que piensas es que lo mejor sería volver a acostarte. La cama no es mal sitio para capear el temporal, sobre todo cuando ya no te interesa para nada todo ese tropel de informaciones que terminan por complicarte la vida. Cada vez soporto peor los conflictos y desmanes de un mundo como el que estamos viviendo, dominado por las sumisiones, las corrupciones, las lacras del conservadurismo y del nacionalcatolicismo, acosado por las tiranías de las mafias financieras… La ideología ha sido desplazada por la economía y eso no conduce a ningún buen fin. 

-Eche un vistazo atrás: no fue marino, ni filósofo, pero sí escritor. ¿Ha cumplido con sus metas, sus sueños? 

-Sí, he cumplido razonablemente con mis metas de escritor. Lo de marino o filósofo, como usted dice, no fueron más que fases de incertidumbre. La incertidumbre es el primer acicate de la aventura, y eso sí que me ha seducido desde siempre. La aventura es un magnífico proyecto de vida. He navegado por cuatro mares, he viajado por cuatro continentes, y todo eso forma parte de unos incentivos aventureros que ya son sólo recuerdos fantasmales. El tiempo cada vez se me hace más irreal, más poblado de sorpresas. Lo único cierto es que he escrito unos sesenta libros y que confío en que algunos de ellos me sobrevivan. 

-¿Va en contra del fomento de la poesía hacer un largo poema-ensayo, como a usted le gustan, en esta obra? 

-Estoy en contra de la división de la literatura en géneros, los géneros deben en realidad ensamblarse unos en otros. Los géneros literarios sin más son simples subgéneros. Todo escritor que se precie trabaja con la herramienta del lenguaje y da igual que lo haga en forma de narración, de poesía o de ensayo. Un gran poema incluye la novela y el ensayo, del mismo modo que en una gran novela o un gran ensayo absorbe la poesía como nutriente primordial. Lo que a la larga importa es la belleza del hecho literario consumado. Lo demás son juegos florales. 

-Uno se va forjando amigos y enemigos (si los tiene) en el camino. ¿Qué le diría a estos últimos? 

-No creo que yo tenga enemigos, al menos no son enemigos que me merezcan alguna atención. Bueno, hay por ahí un par de individuos a quienes el rencor los hace alardear de que son mis enemigos. Uno de ellos, por cierto, es jerezano, un plumífero local resentido que empezó como poeta lírico y terminó en articulista de temas marianos. No sé qué fue de él… El otro que se ufana de ser mi enemigo vive en Madrid y de cuando en cuando me dedica algún insulto. Yo no los leo, pero me lo cuentan. No entiendo que haya gente así, qué pobreza de espíritu. 

-¿Qué deseo por cumplir le queda en el tintero como persona, no como autor, además de ser saxofonista de jazz? 

-Aparte de no tocar el saxo o de no haber aprendido la lengua árabe, no sé qué otro deseo se me ha quedado por el camino. Lo cierto es que he ido cumpliendo etapas con absoluta libertad, he escrito los libros que he querido, he sorteado tiempos oscuros, he salido a flote de mis particulares entreguerras… Ahora sólo aspiro a ver pasar la vida sentado a la sombra de un árbol, a tener cerca a las personas y los libros que yo quiero. 

Y una pregunta inevitable: ¿está satisfecho con la marcha de la Fundación Bonald? 

-Sí, muy satisfecho. En la Fundación trabaja un equipo magnífico, muy bien cohesionado y muy eficaz. Han organizado con mucho provecho mi archivo personal: correspondencia, fotografías, bibliografías, originales, documentos diversos… Aparte de la revista Campo de Agramante, claro, y del incremento paulatino de la biblioteca. La Fundación ocupa ya sin duda un puesto eminente en el panorama cultural de España.

Fuente: ARANTXA CALA / JEREZ DE LA FRONTERA |16.01.2012

Los Juegos Olímpicos de Shakespeare

Ser o no ser, Être, ou ne pas être, Sein oder Nichtsein… ¿Qué se pierde, pero sobre todo cuánto se gana, en la interpretación de la obra de William Shakespeare desde otras latitudes, servida por actores no ingleses en su idioma natal y nutridas de su propio acervo? Ni siquiera la imposibilidad de plasmar toda la riqueza de la lengua inglesa que entrañan las traducciones al español, francés, alemán o también al maorí supone un verdadero escollo. El Bardo es “el mejor poeta y escritor de todos los tiempos e, incluso cuando no puedes entender cada una de sus palabras, siempre puedes seguirlo a través de las emociones”, subraya Tom Bird, responsable del festival Globe to Globe, un proyecto que congregará en Londres a 37 compañías internacionales -tantas como las piezas que firmó Shakespeare- para brindar su propia visión sobre el legado universal del inmenso dramaturgo.

Londres acoge un ambicioso proyecto sin precedentes: la representación de las 37 obras del Bardo a cargo de compañías provenientes de otros tantos países

El teatro The Globe, una réplica moderna de la sede donde Shakespeare (1564-1616) estrenó sus principales obras a orillas del Támesis, va a convertirse la próxima primavera en una torre de Babel.

Comediantes de orígenes tan diversos como Sudáfrica, las antípodas o China trasladarán a ese escenario inspirado en la Inglaterra isabelina sus originales versiones del universo shakespeariano. Los tiempos modernos procuran la ventaja de la rotulación con subtítulos cuando se trata de un Hamlet en lituano, El mercader de Venecia que habla hebreo o el Ricardo II recreado por una compañía palestina de Ramala. Y la mesura de los precios de las entradas (entre seis y 42 euros) contribuirá a esa celebración de la vocación multicultural de Londres que quiere destacar la cita olímpica de 2012.

“Shakespeare sigue atrayendo a gentes de todo el planeta, que aportan a su obra un prisma cultural, político y social diferente y enriquecedor”, afirma Bird. El director del Globe to Globe destaca con especial orgullo la participación en esa iniciativa de una jovencísima nación, nacida tan solo el año pasado bajo el nombre de Sudán del Sur. Si Cimbelino relata la historia del rey bretón y su díscola hija Imogen, la producción de este drama que propone el país africano ha logrado integrar en la historia los traumas de medio siglo de guerra civil en tierras sudanesas.

También tienen su proyección los conflictos bélicos que arrasaron los Balcanes a finales del siglo XX. Porque las tres obras englobadas bajo el título Enrique VI corren a cargo de compañías de Serbia, Albania y Macedonia. El baile de los guerreros aborígenes de Nueva Zelanda que tan bien conocen los aficionados al rugby (la haka) compartirá espacio sobre las tablas del Globe con La Comedia de los Errores, de la mano de los artistas afganos de Roy-e-Sabs, en su primera incursión exterior desde la invasión del país. Y el teatro español aportará en mayo su pieza a ese caleidoscopio multinacional con la particular propuesta de la compañía madrileña Rakatá sobre la obra Enrique VIII.

A pesar de las constantes celebraciones de su figura, William Shakespeare sigue siendo objeto de toda suerte de teorías conspirativas que no creen posible cómo el hijo de un vulgar comerciante de provincias fue capaz de reflejar el mundo de la corte y sus pulsos políticos y humanos con una pluma tan excelsa. En vísperas del estreno del Globe to Globe, el cine acaba de recrear en la película Anonymus la hipótesis de que el autor de su producción fue en realidad su coetáneo Edward de Vere, conde de Oxford. “Es completamente ridículo. Shakespeare nació en Stratford-upon-Avon y escribió todas sus obras”, zanja Bird sobre la eterna polémica que solo consigue reavivar el interés por el personaje.

La cascada de artículos de opinión que desató el estreno condujo a una conclusión. ¿Realmente importa si Shakespeare escribió sus obras o la vigencia de estas? De ella hay pruebas recurrentes. Recientemente se publicó una encuesta en Reino Unido sobre lo que sus ciudadanos consideran tesoros nacionales. El Bardo figura a la cabeza, por delante de la monarquía, la Union Jack o esa libra a la que siguen aferrados. De su carácter universal da fe, en palabras de Bird, “esa especie de milagro que lo convierte en un autor tan popular en todo el mundo”. ¿La clave? “Creo que sus obras encarnan el examen más exhaustivo escrito nunca sobre la condición humana”.

Embajada española
Volcada en la adaptación de los clásicos del Siglo de Oro a las claves nuestro tiempo, la compañía independiente Rakatá es la invitada del teatro The Globe para escenificar la visión hispana del universo de Shakespeare. La obra elegida es Enrique VIII, ese rey de Inglaterra que tuvo seis esposas, la primera de ellasCatalina de Aragón, a costa de romper con el Vaticano. Por primera vez, el dramaturgo accede a “legitimar las acciones de un monarca que alumbra el nacimiento del gran imperio”, explica Rodrigo Arribas, cofundador de la compañía madrileña.

Si el Bardo se vio forzado a imprimir “tintes propagandísticos” a una pieza escrita durante el reinado de Isabel I (hija de Enrique VIII), la puesta en escena de Rakatá “buscará la esencia humana”, no la justificación política, del comportamiento del rey.

El divorcio de Catalina, hija de los Reyes Católicos, encarna en esa producción hablada en español “la ruptura con un mundo medieval”, explica Arribas, pero sobre todo se ha buscado “dar cuerpo de carne y hueso a los personajes”. Una puesta en escena que no permite grandes alardes en el Globe convertirá la función en “un trabajo de actores por encima de todo”. Con la vista puesta en la situación española, el actor considera “envidiable” que los ingleses hayan concebido ese proyecto de difusión de la figura de Shakespeare y alaba su ausencia de “chauvinismo”.

 

* Texto por PATRICIA TUBELLA – Londres – 24/12/2011