Polémica por comida peruana en libro de Gustavo Rodríguez

Escritor nos habla de “Cocinero en su tinta”, obra que inició la discusión sobre la gastronomía peruana.

“Cocinero en su tinta”, la cuarta novela de Gustavo Rodríguez, fue presentada por la editorial Planeta un 30 de enero como la primera ficción peruana en retratar el boom gastronómico en nuestro país. Y aunque escribir sobre comida no tiene nada de malo (basta con darle una mirada a las odas culinarias de Pablo Neruda o Miguel Ángel Asturias), la etiqueta que anunciaba el libro inició la discusión en el mundo literario sobre qué tan pertinente era novelar sobre un tema de moda. Lo que siguió ya es conocido: Iván Thays tomó la novela de Rodríguez como un pretexto para discutir sobre dicha pertinencia y, de paso, hacer pública una “pataleta” culinaria en su blog en la edición online del diario español “El País”. La polémica que generó la opinión del ex conductor de “Vano oficio” ubicó a la novela de Rodríguez en el ojo de la tormenta y dejó la literatura en un segundo plano. Dispuesto a revertir esta situación, encontramos a Gustavo Rodríguez y esto fue lo que nos dijo:

¿Por qué escribir una novela sobre el boom gastronómico en pleno boom gastronómico?
Es que no considero que sea una novela sobre el boom gastronómico.

Pero se le promociona como tal.
Creo que es una exageración. En realidad, es una novela que trata sobre un proceso creativo. Es una novela sobre una persona, en este caso un cocinero, que está pasando por una crisis en su vida. Pude optar por un pintor o un fotógrafo, pero me pareció que los cocineros no han sido tan explorados como personajes. Además, se me hacía más interesante al tratarse de un país como el nuestro en donde de lo que más se habla es de cocina.

¿Cuándo empezaste a trabajar en el libro?
La idea nació hace casi tres años, así que de oportunista tiene poco. Fue un proceso muy largo: tomar apuntes, hacer correcciones hasta tener un producto que me pareció interesante de mostrar. Ustedes los periodistas deben tener un sentido de oportunidad y entregar un producto lo antes posible, pero es algo que no veo en mi literatura.

¿”Cocinero en su tinta” nació de una motivación literaria o respondió más a tus intereses como publicista?
Todo proceso creativo tiene disparadores conscientes y disparadores inconscientes. Sí, existió el sentido de querer aprovechar algo que está en boca de todos; sin embargo, creo que tu pregunta está planteada de manera inversa: yo no soy un publicista que se puso a escribir; yo soy un escritor que en un momento dado se dedicó a la publicidad. Los temas más interesantes y relevantes siempre van a estar rondándome. Años atrás me interesaba explorar el racismo en nuestro país y salió “La semana tiene siete mujeres”. Ahora me interesó darle una mirada a este fenómeno por momentos exagerado del amor por la cocina.

¿Por qué exagerado?

Un cocinero peruano tiene una presión extra. Todo un país ha cifrado sus esperanzas de ser algo en el mundo en ellos. Y eso es mucho pedir. Gastón Acurio debe ser el cocinero que más la piensa antes de poner una palabra en su Twitter.

“Desgraciado el país que necesita héroes”…
Así es. Lo dijo Berltot Brecht y parece que hubiera sido peruano. Nuestros cocineros son nuestros nuevos héroes, los futbolistas que no tenemos en esta generación. Y esas son características que quise poner en “Rembrandt Bedoya”, el protagonista de esta novela. El telón de fondo de “Cocinero en su tinta” es la cocina peruana, pero la gran masa de la que se nutre la novela está en las contradicciones, los celos y envidias de una persona que se dispone a crear algo. La cocina es una excusa para sumergirnos en un mundo mucho más profundo.

Lo que ha pasado en estos días con tu novela me parece curioso. Iván Thays quiso criticar el momento que elegiste para publicar la novela y terminó siendo él el criticado.
Lamento el mal entendido que pueda dar el post de Iván porque esta novela es un poco más que el boom de la cocina peruana. Claro, había dos planos en el post de Iván y literariamente se centraba en cuánto tiempo debe pasar para que una novela no se considere oportunista o para que una novela capte la esencia de un suceso. Pero ni bien dijo cocina peruana y mencionó sus gustos personales el Perú se le vino encima.

Si Iván hubiera leído tu libro la historia sería otra…
Iván dice claramente que no he leído el libro y que va a comentar sobre si es oportuno o no publicarlo en determinada fecha. Pero bueno somos un país que lee lo que quiere leer o entiende lo que quiere entender y se tolera muy poco.

Desde el punto de vista comercial, ¿te ha favorecido está polémica?
No lo sé. Yo estoy preocupado. No sé si un libro que nazca en medio de una especie de escándalo se pueda ver contaminado después. De que se va a dar a conocer más rápidamente es verdad y probablemente eso te traduzca en ventas. Pero la verdad yo no necesitaba de eso. Todos mis libros se han vendido bien. Algunos de ellos han sido los más vendidos en el año que salieron y no necesitaron de este tipo de escándalos.

¿Cuánto influenció Pedro Miguel Schiaffino en este libro?
Yo le estoy muy agradecido a muchas personas que me brindaron su tiempo para conocer el fenómeno de la cocina. Entre ellos, Raúl Vargas y Mariano Valderrama. Pero Pedro Miguel ocupa un lugar especial porque fue bastante generoso. Yo me interesé en él porque maneja la cocina amazónica y mi personaje tiene un restaurante de cocina amazónica. Entonces le toqué las puertas a Pedro Miguel, a quien no conocía personalmente, y me encontré con un tipo muy amable. Lo usé egoístamente como muleta y él aceptó. Me pareció tan generoso que un personaje del libro se llama como él.

No solo hay un personaje llamado Pedro Miguel Schiaffino, también existe un Gastón Acurio, un Ferran Adrià, una Grimanesa Vargas. Todos como parte de una ficción ¿Por qué mantener los nombres de personajes de la vida real?
Me parecía disforzado cambiarles los nombres a personajes que son tan presentes para el lector, al menos en este país. Se hubiera visto falso si yo hablaba de un gran chef de la cocina peruana y este se llamaba Gerardo Alarcón. Además ninguno de estos personajes es visto con mirada crítica o desdén.

Sin embargo el libro empieza con una advertencia: “Lector, no le busque tres pies al gato”.
Es una advertencia que se suele dar en sociedades que no saben distinguir lo que es ficción de no ficción. En otras palabras, sociedades que no están acostumbradas a leer como la nuestra. Muchas veces yo he tenido que decirle a gente muy querida que mis novelas no son memorias ante preguntas como: ¿Gustavo, cuándo te pasó eso que narras en el libro?

¿Eres un escritor que cocina?
No, yo no sé cocinar. A menos que hacer carnes a la parrilla sea cocinar. Lo que sí me gusta es ir a restaurantes. Y a mi mujer más. Entonces, desde que estoy con ella salimos mucho a comer porque ella lo disfruta y yo disfruto viéndola disfrutar.

¿Te gusta la comida peruana?
Me gusta mucho, pero no al extremo de ponerla como la mejor del mundo. Siempre trato de ponerme en perspectiva. Es suficiente orgullo saber que está dentro de las cinco o seis mejores cocinas del mundo sin ser tan conocida todavía. Nosotros creemos que el Perú está en boca de todos y no es verdad. Pero a eso vamos, por lo menos en términos culinarios.

¿Y nuestro chauvinismo culinario no ayuda a acelerar el mejor posicionamiento de nuestra gastronomía en el ránking mundial?

Ayuda, pero también mortifica. Para que un arte o un artista sea materia exportable es necesario que la gente de su propio país se haya apropiado de él. Vengo del “Hay Festival” de Cartagena (Colombia) y el consejero editorial de Gallimard, la editorial francesa, me decía que para que un escritor latinoamericano llegue a Europa es primordial que en su propio país lo hayan leído. Entonces, este nacionalismo tiene su lado bueno. El lado malo viene cuando perdemos la perspectiva.

¿En qué otros países se venderá “Cocinero en su tinta”?
De seguro va a estar en Colombia, México y Argentina, donde ya se vendió mi anterior novela. Quizá también en España, pero no lo puedo asegurar.

¿Ya tienes en mente el tema de tu próxima novela?
Ya la estoy escribiendo. Será un libro basado en las elecciones presidenciales de un país ficticio muy parecido al nuestro. Creo que hay bastante material.

 

* Texto por MELVYN ARCE RUIZ, 7 Febrero del 2012

Un video de esta Entrevista a Gustavo Rodríguez esta en el siguiente enlace:

http://elcomercio.pe/espectaculos/1371088/noticia-polemica-comida-peruana-gustavo-rodriguez-preocupado-su-libro

 

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Castellano ocupa cuarto lugar en premios nobel de Literatura

Revisando la historia de los ganadores ,hispanos o latinoamericanos, del Premio Nobel de Literatura observo que nuestro idioma castellano ocupa el cuarto lugar en el listado total de ganadores en toda la existencia del premio nobel de Literatura a nivel mundial.

 

Viendo un poco de mayor detalle [pais-nombre-año] podemos agruparlo asi, del primero al mas reciente, nuestro querido y reconocido: Mario Vargas Llosa:
1) España: José Echegaray (1904),
2) España: Jacinto Benavente (1922),
3) Chile: Gabriela Mistral (1945),
4) España: Juan Ramón Jiménez (1956),
5) Guatemala: Miguel Ángel Asturias (1967),
6) Chile: Pablo Neruda (1971),
7) España: Vicente Aleixandre (1977),
8) Colombia: Gabriel García Márquez (1982),
9) España: Camilo José Cela (1989),
10) Mexico: Octavio Paz (1990) y
11) Peru: Mario Vargas Llosa (2010).

En el siguiente enlace podemos ver la extensa y exitosa trayectoria literario de Mario Vargas llosa:

http://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Premios_y_distinciones_recibidos_por_Mario_Vargas_Llosa

Viendo los Premios por idiomas a nivel mundial la tabla de posiciones queda asi:[idioma-No ganadores-%]

1) Inglés 27 25,23%
2) Francés 14 13,21%
3) Alemán 12 11,21%
4) Castellano 11 9,34%
5) Italiano 6 5,6%
6) Sueco 6 5,6%
7) Ruso 5 4,67%
8) Polaco 4 3,73%
9) Danés 3 2,8%
10) Noruego 3 2,8%
Etc.

Para mayor detalle puedes consultar esta direccion:

http://es.wikipedia.org/wiki/Premio_Nobel_de_Literatura

Hasta siempre.

CTsT.

Mario Benedetti murió y dejo gran obra literaria

El destacado escritor uruguayo, Mario Benedetti, acaba de fallecer recientemente y ha dejado su obra para que permanezca eternamente en la historia y la cultura literaria del mundo. Al igual que otros escritores celebres que tenemos en la historia literaria del mundo.

Mario Benedetti

De manera personal quiero hacer un breve y sencillo homenaje de mi parte citando la noticia de EFE, una entrevista en el 2006 del Clarin y los videos de algunos de sus poemas en Youtube.

Los uruguayos rinden desde hoy su último homenaje a Mario Benedetti, uno de los escritores más prolífico y versátil de Latinoamérica, fallecido el domingo a los 88 años y aún en activo.

Los restos de Benedetti son velados desde hoy en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo (Parlamento) por donde se espera que pasen miles de uruguayos y de personalidades llegadas desde el exterior, para despedirle.
“Si Mario no dejó instrucciones en contrario, el martes 19, sus

 serán depositados en el Panteón Nacional”, dijo el director de Cultura de la Intendencia de Montevideo y amigo personal de Benedetti, el también escritor Mauricio Rosencof.
El presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, asistirá al velatorio en la mañana del lunes, al igual que el vicepresidente de la República, y presidente del Parlamento, Rodolfo Nin Novoa.
“Sin duda hoy es un día muy triste para los uruguayos, pero tenemos que destacar la intensidad con que vivió Mario y la obra que nos deja”, señaló la ministra de Educación y Cultura de Uruguay, María Simón.
“Fue sin duda un icono de la cultura uruguaya, muy nuestro, pero también muy internacional, con libros traducidos en muchos idiomas y leído en decenas de países”, agregó.


Benedetti, autor de más de ochenta libros de poesía, novelas, cuentos, ensayos, así como guiones de cine, fue galardonado con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005), entre otros.
Además, cantantes como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti, Rosa León, Pedro Guerra y Nacha Guevara, entre otros, pusieron música a sus versos.
Benedetti estaba trabajando en un nuevo libro de poesía cuyo título provisional es “Biografía para encontrarme”.
“La literatura, ya no la uruguaya, sino la de habla hispana y la de todo el mundo pierde a una figura de primer nivel, y yo pierdo a mi hermano”, agregó Rosencof
Su última obra publicada, el poemario “Testigo de uno mismo”, fue presentada en agosto del año pasado y casi como un legado final escribió:
“Acontece la noche y estoy solo/ cargo conmigo mismo a duras penas/ al buen amor (el de su esposa) se lo llevó la muerte/ y no sé para quien seguir viviendo”.

En el último año la salud del escritor se había deteriorado considerablemente y durante ese período estuvo ingresado en cuatro ocasiones en un sanatorio de Montevideo.

 

* EFE , 18 de Mayo del 2009

 

 

Benedetti el escribidor 

Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti nació un 14 de setiembre de hace 80 años. Una vez le escribió un poema al hijo que nunca tuvo en el que prometía colgarle un único, solitario nombre; en lo posible, un monosílabo, “de manera que uno pudiera convocarlo con sólo respirar”. Con una lógica que nadie discute y después de un par de batallas contra la burocracia, Mario etcétera Benedetti logró aferrarse a los extremos de su nombre oficial y suprimir todo el resto en documentos y afines. “Eran esas costumbres italianas de meter muchísimos nombres –justifica el escritor uruguayo nacido en Paso de los Toros, departamento de Tacuarembó, uno de los tantos puntos de la geografía que se disputa la cuna de Carlos Gardel–. Yo tenía un tío que tenía los nombres de todos los reyes que reinaban el día que nació. Un disparate.”

Las décadas fueron regando otros azares sobre Benedetti. Hoy su rostro luce arrugas de poesía y a veces su mirada dice más que mil historias, aunque él las haya escrito casi a todas: su alma hecha palabra recorre los versos de Inventario y Viento del exilio, acompaña los acordes cotidianos de canciones como Por qué cantamos y El sur también existe; es el novelista de La tregua y La borra del café, el cuentista de Montevideanos y La muerte y otras sorpresas, el dramaturgo de Pedro y el Capitán, el ensayista de Perplejidades de fin de siglo, el intelectual comprometido con causas que la razón no desconoce.

Este Benedetti, que transitó todos los géneros posibles, supo anclar sus textos en la mayoría de los puertos que inquietan a la condición humana: el amor, la muerte, el tiempo, la miseria, la injusticia, la soledad, la esperanza. Y lo hizo de una manera tan simple y directa que miles de lectores lo convirtieron en su cómplice y todo.

Ha publicado tantos títulos como años acarrea sobre su módica estatura, y en medio de esa vastedad de prosa y verso su piel fue acumulando éxitos y afectos, miserias y exilios, errores y utopías. Lo que sigue es apenas una porción de su abultada historia.

Durante su adolescencia, cuando decidió que iba a ser escritor, ¿imaginaba este presente?
No, lo que pasa es que yo vengo de una familia con muchos problemas económicos. Mi padre era químico farmacéutico, pero tuvo muchos contratiempos con la quiebra de una farmacia en la que lo estafaron. Yo tenía cuatro años. Tuvimos que mudarnos de Tacuarembó a Montevideo, y a partir de ahí mi infancia e incluso parte de mi adolescencia fueron muy duras, con muchas privaciones. Vivíamos en un ranchito con techo de chapas de zinc; mi madre tuvo que vender la vajilla, los cubiertos y todas esas cosas que le regalaron para el casamiento. Finalmente mi padre consiguió un empleo público y ahí las cosas empezaron a andar mejor. Yo ya había tenido que dejar el colegio secundario para empezar a trabajar vendiendo repuestos para automóviles. Entonces, con esos problemas económicos que hubo en mi familia, ¿qué me iba a imaginar que iba a ser un autor de éxito y que iba a poder vivir de la literatura? Además, primero me gané la vida de muy distintas formas.

¿Pensaba que iba a ser toda la vida un oficinista?
Tenía la esperanza de un destino que tuviera que ver más con la escritura. Lo que pasa es que en Uruguay era muy difícil que alguien viviera de lo que escribía; ni siquiera Juan Carlos Onetti, que era el mejor, el que estaba en la cumbre, vivía de lo que escribía. Se podía vivir del periodismo, como hice yo, pero eso es otra cosa, no literatura. Recuerdo que de mis dos primeros libros no vendí ni un ejemplar, nada, y las ediciones me las había pagado yo. Mi primer libro de éxito –un éxito relativo, en realidad, porque la edición era muy limitada– fue Poemas de oficina. Ese fue el primer título mío que se vendió más o menos bien.

 

Acaba de cumplir 80 años. ¿Qué cosas ganó con la edad?
Paciencia, tal vez más serenidad, y madurez por supuesto. Puede ser también que los años le regalen a uno más lucidez, porque las cosas empiezan a verse no sólo con los ojos del presente sino también con los del pasado, y entonces uno puede tener una visión más aproximada del futuro. Pero también, cuando uno se hace más viejo, el cuerpo se va deteriorando y la energía cambia, aunque el cuerpo es la meseta donde se apoyan las cosas del espíritu, ¿no?

El espejo no miente –continúa–; ahí uno va viendo las nuevas arrugas, las bolsas de los ojos… y sin embargo, a veces, a pesar de los años que se tengan, el espíritu de un cuento o de un poema puede seguir siendo joven. Un poema que tiene alegría, que tiene una cosa vital, lo rejuvenece a uno. Lo mismo sucede muchas veces al escribir una historia de amor, aunque sea inventada: uno vuelve a sentir otra vez una cantidad de sentimientos que creía olvidados

Es una forma de mantenerse joven.
Claro, y ésa no es una búsqueda deliberada, es algo que viene solo. Los poemas son casi sanitarios en ese sentido.

Hay un libro suyo que lleva por título La vida ese paréntesis…
Porque creo que la vida es un paréntesis entre dos nadas. Yo soy ateo, no creo en Dios ni nada por el estilo. Hay gente que tiene sus creencias religiosas y tiende a sentir que después de la muerte está el Paraíso, o el Infierno, porque muchos han hecho mérito para ir al Infierno. Yo creo en un dios personal, que es la conciencia: a ella es a la que le debemos rendir cuentas cada día.

Y dentro de su paréntesis personal, ¿hay cosas de las que se arrepienta, algo que hubiera querido hacer de manera diferente?
Y sí, claro que sí, me he equivocado en muchas cosas. A veces me arrepiento de haber publicado un poema, no por cuestiones políticas, sino porque hoy lo veo y no creo que esté bien. Me he equivocado en haber publicado libros que todavía no estaban suficientemente maduros. Y en la vida misma también hay arrepentimientos. Hubiera deseado ser un joven más feliz, menos prejuicioso, menos ensimismado… También me arrepiento bastante de lo que fue mi actividad política, que en un momento fue muy intensa. Yo fui dirigente del Frente Amplio, pero a medida que iba pasando el tiempo advertí que no tenía la menor vocación para dirigente político, sí para militancia independiente, fuera del aparato partidario Finalmente llegué a la conclusión de que podía tener una incidencia política mucho mayor a través de la literatura. Puede ser que me haya equivocado en muchas cosas, pero en lo que no me he equivocado es en mantener cierta coherencia política. A pesar de algunos errores circunstanciales, creo que volvería por el mismo camino aunque tal vez no con los mismos pasos, para no meter la pata.

En Rincón de haikus, un libro de poemas que publicó el año pasado con 224 textos envasados en una rígida métrica japonesa, este uruguayo universal escribió: “Cuando me entierren / por favor no se olviden / de mi bolígrafo”. Hasta ese punto llega su afán reproductivo. Además de este volumen, en 1999 terminó otro libro de poemas, Buzón de tiempo, después de haber parido unos meses antes las 272 páginas –en la edición más modesta– de su novela Andamios. No puede decirse que no hay lector que aguante, porque el hombre vende, y sobre todo, se lee, que no siempre son sinónimos. Sin ambición de avergonzar a quienes sufren el síndrome de la página en blanco, Benedetti confiesa que para no indigestar a la gente guarda en un cajón los cien poemas de su próximo libro, El mundo que respiro –dos de ellos se anticipan en exclusiva en esta edición de VIVA–, que amanecerán con el próximo verano.

 Como los poemas lo agarran desprevenido y sin que los convoque, siempre tiene a tiro una libreta para que su mano dibuje el esqueleto de sus versos, hasta que los borradores no aguantan el peso de tantas tachaduras y remiendos y entonces sí vuelca esa primera versión a la computadora. Allí van a parar, sin escalas de papel, sus cuentos y novelas. Justamente, si no fuera por un percance informático que lo tiene a mal traer, el escribidor infatigable ya estaría a mitad de camino con un nuevo volumen de cuentos.

La verdad es que lleva un ritmo envidiable.
Y mientras pueda y tenga temas… Ahora, con lo que me cuestan los cuentos, justo me acaba de pasar una cosa terrible. Desde hace quince años más o menos, para poder escribir tranquilo, me refugio en un hotelito de Puerto Pollenza, en Mallorca. Ahí la habitación tiene una terraza muy linda, con vista al mar, donde me siento con la computadora; la cuestión es que estaba ahí, trabajando en unos cuentos cortos cuando de repente se me borró todo. ¡Todo! Los siete cuentos que ya tenía terminados, trabajados, corregidos… ¡La bronca que me agarró! De pura suerte tengo en un cuaderno apuntes con la base de cada uno, una versión cruda, porque la prosa siempre la escribo directamente en la computadora. Así que espero volver a construirlos. ¡Qué se le va a hacer!

¿Y no los tenía impresos?
No, porque no había llevado la impresora –aunque es una chiquita– para tener un peso menos en la valija. ¿Se da cuenta qué mala suerte?

¿Sabe que reconstruir la lista de todos los libros que tiene publicados es una empresa bastante compleja? ¿Usted lleva una contabilidad más o menos exacta?
Ochenta, si se tienen en cuenta las antologías. Tengo tantos libros como años. Al que le ha ido mejor es a La tregua, de lejos, que ya tiene 148 ediciones. Después vienen Inventario Uno, Gracias por el fuego y La borra del café, que es el último libro mío que ha caído muy bien, ya debe andar por las cuarenta ediciones en los distintos idiomas y países. Pero no me puedo quejar: en España, Rincón de haikus está desde hace varios meses en la lista de best-sellers.

Hay un dato llamativo en ese ranking. Con el éxito que tienen sus poemas, tres de los cuatro títulos que acaba de mencionar son novelas.
Es que La tregua fue llevada al cine, fue finalista para un Oscar, se hicieron adaptaciones para la televisión, el teatro, la radio… Hubo mucha cosa que ayudó, lo que de todos modos es un misterio para mí, porque tampoco creo que sea mi mejor novela. Para mí La borra del café es mucho mejor, pero ahí entran otros factores: la gente la tomó como una novela de amor, y aunque es también una novela de amor, no es lo principal. En cuanto a Gracias por el fuego, también fue llevada al cine y fue finalista del premio Seix Barral. Pienso que eso le dio un empujoncito extra.

Sin embargo usted siempre se ha sentido más cómodo con la poesía, ¿no?
Siempre digo que soy un poeta que además escribe cuentos y novelas. También me siento cómodo con el cuento, aunque me da mucho más trabajo. Un poema lo puedo escribir en un avión, durante un fin de semana o mientras espero al destino, en cambio un cuento me puede llevar años. El volumen de Montevideanos, por ejemplo, demoré dieciocho años en terminarlo, y sin embargo es un género que me gusta mucho.

El cuento no admite fallas, se construye palabra por palabra, cada una tiene que tener su rol, y los finales son muy importantes. Pero a mí las ideas y los temas ya me vienen con la etiqueta del género, aunque a veces me equivoco. Me pasó con El cumpleaños de Juan Angel: empecé a escribirlo en prosa, como todo novelista que se precie, pero a las 50 páginas no podía avanzar más, estaba estancado, cosa que generalmente no me ocurre. Hasta que me di cuenta de que el tema tenía una carga poética muy fuerte y lo retomé como una novela en verso.

Ahí cambió todo y la terminé rápidamente. Algo parecido me pasó con Pedro y el Capitán: creí que era una novela y terminó como una obra de teatro que marchó muy bien, se representó en no sé cuántos países. Creo que funcionó porque tiene nada más que dos personajes; yo con tres personajes en teatro no doy.. Es un género muy difícil.

¿Y las novelas?
Me cuestan menos que los cuentos, aunque para escribir una novela se necesita un tiempo libre, porque no se pueden escribir diez páginas hoy y veinte a los dos años. La novela es un mundo que uno inventa y hay que sumergirse en ese mundo, en sus personajes… Si a mí me dejaran tranquilo podría escribir más novelas.

¿Cómo es eso?
Mire, Andamios, que es la última novela que publiqué el año pasado, demoré tanto en terminarla porque he tenido que hacer tantos viajes, cumplir con tantos compromisos y obligaciones, que me costó mucho mantener el ritmo. Hace como cuatro años que quiero tomarme un año sabático y no puedo No me dejan.

Debe haber pocos hispanoamericanos que no sepan de memoria alguna estrofa de Te quiero, Por qué cantamos, Una mujer desnuda y en lo oscuro y tantos otros temas de Benedetti que popularizaron más de cuarenta intérpretes. La poesía hecha canción apuntaló su fama y muchos de estos poemas dispararon sus flechas hacia varios corazones, dejando a su responsable como un Cupido involuntario que no merece quedar libre de culpa y cargo.

¿Usted es consciente de que algunos de sus poemas fueron el puntapié para más de un romance?
Bueno, si sirven para el amor me parece una buena empresa. A veces me cuentan que los muchachos copian poemas míos y se los mandan a las novias como si fueran de ellos, y después cuando se casan les cuentan la verdad. Puede que suene cursi, no sé, alguna gente dirá… Pero a mí no me molesta, al contrario. El amor me parece lo mejor de las relaciones humanas.

En otras palabras: usted puede ser el responsable de unas cuantas bodas.
¿Y por qué no?
Mire, una de las cosas más lindas que me han pasado en la vida con relación a mi obra me ocurrió en México. Una vez en Guadalajara, donde habíamos dado un recital con Daniel Viglietti, se me acercó una pareja de unos 30 años y el muchacho me dijo: “Mire, nosotros fuimos pareja pero después nos divorciamos. De todas formas queríamos contarle que nos conocimos por Inventario y queremos que nos firme el libro”. Al tercer recital se aparecieron otra vez los dos para ponerme al corriente de la relación: “Mire, como el otro día estuvimos con usted y le contamos que nos conocimos con Inventario, queríamos decirle que por Inventario decidimos volvernos a casar”. Así son las cosas..

La poesía, por lo general, no tiene tantos lectores como la novela o el cuento, y sin embargo la suya tiene muchos seguidores. ¿Alguna vez se preguntó por qué?
Sí, y para mí es un misterio. Pienso que por un lado puede ser porque mis poemas son bastante sencillos, bastante claros, y eso es algo que se convirtió en una obsesión para mí: la sencillez. Hacia el fin de mi adolescencia, cuando yo sabía que iba a ser poeta, leía a los de más prestigio, y aunque los entendía y los disfrutaba, me parecían muy enigmáticos, con toda una retórica que me parece espantaba a los lectores. Me gustaban, pero me dije que yo así no iba a escribir nunca. Otra de las razones por las que creo que a la gente le gustan mis poemas es porque he escrito mucho sobre el amor. Pero así y todo, no me explico demasiado el éxito que han tenido.

La mayoría de sus obras tiene como protagonista al montevideano de clase media. Usted siempre dijo que no podría escribir sobre otro tipo de personajes.
Es que ésa es mi limitación. Me siento muy inseguro si me salgo del montevideano de clase media. Ese es el territorio que yo conozco. Alguna vez dije, medio en broma medio en serio, que el Uruguay es la única oficina en el mundo que ha alcanzado la categoría de República. Y es así, y yo conozco bien a esta clase media. Muchas veces incluso me reprocharon que no trate a la clase obrera. Pero las veces que lo intenté, me sonaron falsos. Mis obreros nunca hablan como los obreros; entonces no insistí más, ¿para qué? Es una limitación y me atengo a esa limitación.

¿Entonces cómo explica que, siendo la suya una literatura localista, haya tenido tanta trascendencia en otras partes del mundo?
Puede ser que la clase media sea más universal que otras clases. No sé, pero la verdad es que incluso tengo cuentos que transcurren en el exterior, pero siempre de montevideanos que están en España, en Cuba o en México. De todas formas, supongo que para llegar al mundo hay que llegar primero a la comarca, por ahí se empieza. El que quiere empezar por el mundo..

A través de sus textos políticos, usted intentó hacerse escuchar en su comarca. Eso le valió un pasaje al exilio. ¿Cree que el intelectual puede cambiar algo a través de la palabra?
No, no puede cambiar nada. Yo no recuerdo ninguna revolución que se haya ganado con un soneto, por ejemplo. A los dirigentes políticos les gusta mucho adornarse con el arte, sacarse una foto del brazo de un pintor o terminar un discurso con un poema, pero no es que crean en una cosa ni en la otra. Tal vez algún raro personaje de la dirigencia política puede venir un día y decir: “Con estos tres versos me aclaraste este tema”, y yo con eso puedo sentirme más que satisfecho.

Suena a batalla perdida.
No, porque uno escribe para esclarecer la mente de un individuo, del ciudadano de a pie. Además, es una cuestión de conciencia. Si yo estoy en contra de la globalización de la economía, de la corrupción y de la hipocresía, lo digo y lo escribo. Justamente las causas en las que creo y que son derrotadas son las que me impulsan, porque gracias a que las defiendo puedo dormir tranquilo. No me siento derrotado en cuanto a mis creencias ideológicas y voy a seguir luchando por ellas. Sin éxito, eso sí.

Hay que defender la derrota, dijo el poeta.
Es que la utopía es una cosa que debemos mantener. Por definición, la utopía es algo que nunca se realiza por completo, una cosa que parece imposible y después resulta que se realiza. Siempre digo que los tres grandes utópicos que ha dado este mundo son Jesús, Freud y Marx; gracias a ellos la humanidad ha dado pasos positivos. Aunque de cada utopía se realice un diez por ciento, gracias a ese diez por ciento la humanidad ha mejorado un poco. Yo soy un optimista incorregible.

Su defensa de la utopía lo enfrentó a más de un destierro. Debutó como exiliado en 1983, cuando cruzó el charco y se instaló en Buenos Aires buscando una seguridad incierta. Fue aquí donde inauguró el “llavero de la solidaridad”: cuando las cosas comenzaron a ponerse oscuras acudía a ese manojo que le abría la puerta de las casas de cinco o seis amigos. Era la única manera de desorientar los radares nefastos que iban tras su sombra. Hasta que la Triple A le dio 48 horas para seguir respirando en la Argentina y se marchó a Perú, luego a Cuba y finalmente a España, continuando un exilio que le negó su patria durante doce años. Y también a su mujer, Luz, que debió quedarse en Uruguay cuidando a las ancianas madres de ambos. A pesar de todo, Benedetti no escupe reproches; más bien le da palmadas a ese tiempo pasado que pudo ser peor.

¿No siente rencor por ese pedazo de vida que le cambiaron?
La pasé muy mal, me amenazaron de muerte, me separaron de mi ciudad, de mi mujer, y sólo por algún azar me fui salvando, pero no por hacer concesiones. Yo hubiera preferido no tener que recurrir al exilio, y sin embargo, en cierta forma el exilio me ayudó. Por un lado, empezaron a interesarse por mis libros, me hizo ser más conocido y eso hasta me permitió un alivio económico. Además, he aprendido mucho de la gente que fui conociendo en los diferentes países donde tuve que vivir. No de los gobiernos, porque de ellos no se aprende nunca nada, pero de la gente sí. Es como un fenómeno de ósmosis: uno le da a ese pueblo que lo recibe lo mejor que tiene y ese pueblo le devuelve cosas a uno. Esa proximidad, ese intercambio enriquecedor y evidente, me ha cambiado para bien, me ha hecho madurar, me ha quitado cierta tentación de hacer juicios demasiado apresurados sin que las cosas se asienten

Le supo sacar provecho al exilio.
Yo creo que sí. Volví a mi país un poco mejor de lo que me fui, más ecuánime, más tolerante, menos radical, pero sin perder mis obsesiones.

Usted ha inventado una palabra, desexilio, que describe las sensaciones del regreso. ¿Se termina el desexilio alguna vez?
Me parece que no. En uno de mis libros puse como epígrafe una frase de Alvaro Mutis, que dice que uno está condenado a ser siempre un exiliado, y creo que es cierto. Afuera uno se siente herido, ajeno, y cuando regresa también se siente exiliado, porque uno ha cambiado y el país también ha cambiado. Ha cambiado hasta el paisaje, la mirada de la gente… Sigue siendo el país de uno, se lo quiere como el país propio, pero la relación es distinta. Entonces se siente nostalgia por ciertas cosas del exilio, que tienen que ver más que nada con las personas.

¿La patria de uno dónde queda después de ese proceso?
Como decía José Martí, la patria es la humanidad. En todos los países, en los que uno ha estado y en los que no ha estado, hay gente que por lo que piensa, por sus actitudes, por lo que hace, por lo que siente, por su solidaridad, son como compatriotas de uno. La patria de cada uno está formada de esa gente. Porque en el propio país ha habido también torturadores, corruptos, y esos no son compatriotas míos.

Actualmente, Mario Benedetti vive mitad de su tiempo en España y mitad en Uruguay. Esos compromisos de los que a veces se queja pero que tanto disfruta, lo tironean hacia ambos lados del océano. Su residencia en ésta y en aquellas tierras no obedece, aclara, a una necesidad de escaparles a los inviernos ni a las humedades que castigan su asma desde que tenía 25 años, cuando un tifus le dejó como secuela esa angustia por el oxígeno que un par de veces lo acostó en terapia intensiva. Está acostumbrado a convivir con un aparatito que despide vapores salvadores cada vez que le falta el aire, y en sus poemas hasta se ríe de ésta y otras fallas de fábrica que le trajeron las décadas: “…mis cataratas, mis espasmos asmáticos, mi herpes zoster, mi lumbago, mi hernia diafragmática”, enumera en Heterónimos.

Sabe que su cuerpo le empezó a confiscar la frescura que mantiene su mente, pero él le pone el pecho al asunto con palabras: su próximo libro de poemas, El mundo que respiro, pone el acento en la cercanía de la muerte.

¿Le preocupa el tema?
Bueno, a todo el mundo le preocupa, ¿no? Pero a los 80 años uno está un poco obligado a pensar en esas cosas. La muerte es una presencia, y la barajo en conexión a lo que es la muerte para otros, no sólo para mí. Pienso que una de las formas de sobrellevar la idea de la muerte es darle la cara, hablar de ella, dialogar con ella. Me parece que es una manera de poder soportar ese fin obligatorio. Admitir la muerte es un modo de restarle importancia, porque si uno está obsesionado con eso..

Por eso escribe sobre la muerte.
Escribo sobre ella para que no me sorprenda, claro. Su cercanía no tiene que aplastarlo a uno, por eso tengo un poema que se llama Como si fuéramos inmortales: hay que vivir como si lo fuéramos.

Terminemos hablando de la vida, entonces. Usted ha recibido muchos premios por su obra, pero cuando hace un par de años la Universidad de Alicante lo nombró doctor honoris causa, fue en reconocimiento a “su fecunda labor creativa y por su condición de hombre de pueblo”. Obra, pero también vida. ¿Cómo prefiere ser reconocido?
Son dos cosas que forman el carácter y la condición humana de uno, ¿no? Muchos de mis poemas son producto de ser hombre de pueblo, y estar cerca del pueblo siempre ha sido una máxima para mí. Lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es que lo que escribo le haya tocado el corazón a esa gente, a ese pueblo, a ese hombre de a pie.

* Texto Ezequiel Martinez / Clarin, 14 octubre 2006

 

Un enlace completo de la vida y obra de mario Benedetti es esta:

http://es.wikipedia.org/wiki/Mario_Benedetti

El libro, un valor refugio en tiempos de crisis

Cerca de 100.000 personas visitan cada año el Salón del Libro de Ginebra, entre ellas muchos jóvenes y niños. (Keystone)
A pesar de los juegos electrónicos, Internet y miles de opciones de ocio, el libro es el pasatiempo favorito de los suizos incluso en tiempos de recesión económica. Es lo que se desprende del Salón Internacional del Libro y la Prensa de Ginebra, que concluye este domingo.

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“¿Qué libros se llevaría a una isla desierta?”

La clásica pregunta evidencia la importancia que otorgamos a los libros. ¿Qué vale la pena llevarse cuando uno decide renunciar a todo lo que nos rodea? No joyas ni otros artículos de lujo, sino libros.
Tras la llegada de los nuevos medios, sobre todo de Internet, algunos auguraron la muerte del libro; sin embargo, éste sobrevive incluso en tiempos de crisis, como demuestra el Salón del Libro y la Prensa de Ginebra. De hecho, este año la feria ha tenido que extender en algunos miles de metros cuadrados su superficie de exposición para acoger a una cincuentena de editores.
Esta tendencia se observó también en otras grandes ferias europeas celebradas en lo que va de año. El número de personas que visitaron la última edición del Salón del Libro de París, por ejemplo, aumentó un 20% y las ventas se incrementaron entre un 20 y un 30%.

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(Aunque la tecnologia quiere reemplazar los libros por medios electronicos, todavia los libros tienen un publico cautivo en muchos paises)
Pasatiempo poco caro
“Tanto en París como en la Feria del Libro de Bruselas, este año hemos mejorado los resultados”, señala Olivier Parault, responsable del sector comercial de la editorial Gallimard. “Se percibe cierta ralentización sobre todo en la gran distribución. Pero si un editor dispone de un ‘bestseller’, puede olvidarse prácticamente de la crisis: los lectores que esperan un libro, vienen a comprarlo”.
Según el colaborador de la gran casa editorial francesa, la recesión golpeará probablemente mucho menos al libro que otros artículos de consumo. “El libro es algo así como un valor refugio en periodo de crisis. Muchas personas se inclinan por opciones de ocio menos costosas y el libro entra en esta categoría”.
En ello coincide la editorial canadiense Vermillon, presente por segunda vez en el Salón de Ginebra. “Jamás hemos vendido tantos ejemplares como este año en el Salón del Libro de Ottawa. La gente quizás no puede permitirse gastos importantes, pero sigue dispuesta a gastar 20 dólares o 20 francos en un libro”, afirma Daniel Haillot, representante de la casa editorial norteamericana.
Un dato sorprendente

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“Tal vez sorprenda, pero la gente lee cada vez más en la era de Internet. Y en Québec el público se inclina cada vez más por la literatura nacional o regional, mientras hasta ahora dominaban sobre todo los libros de gran tirada que provenían de grandes capitales, como París”, agrega Daniel Haillot.
Fue lo que motivó a Vermillon a regresar este año a Ginebra: “Diversos clientes nos explicaron que, si vienen al Salón del Libro, es para descubrir otras literaturas, para encontrar obras que encuentran en sus librerías”.
Una misión que el la feria ginebrina asumió hace muchos años: dar a conocer otras culturas, extendiendo los horizontes más allá del mundo francófono.
Después de Italia, Argelia, Rusia y Egipto, el país invitado en esta edición fue Turquía, que presentó su literatura a través de exposiciones, debates y encuentros con escritores.
Un escaparate cultural
Numerosas otras culturas -de Alemania a Japón, pasando por el Tíbet- están presentes este año en el Salón del Libro y la Prensa, que desde hace años constituye un importante evento para organizaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional, Reporteros sin Fronteras o Greenpeace.
“Para nosotros es un marco óptimo para fomentar el conocimiento recíproco y transmitir una imagen diferente del Islam”, explica Adel Mejri, presidente de la Liga de Musulmanes de Suiza, que dispone de un ‘stand’ propio en la feria. “Queremos mostrar un rostro de la cultura y la religión musulmanas que se aleja de los miedos y prejuicios habituales”.
Los representantes de las asociones ‘Pro Grisones italianos’ y ‘Lia Romanche’ también regresan año tras año a Ginebra para tratar de acercar su cultura al público “Desde hace 23 años venimos al Salón del Libro. Nuestro objetivo no es tanto vender, sino más bien representar nuestra identidad lingüística y cultural, que desconocen también muchos suizos”, subraya Edoardo Torri.
Jóvenes lectores
Como cada año, el Salón dedica un espacio privilegiado a los jóvenes y niños que, a pesar de Internet, los móviles y los juegos electrónicos, no parecen haber perdido el placer de la lectura.
“Hoy las opciones de ocio son múltiples. Muchos jóvenes que descubren los libros se convierten en lectores asiduos. Nosotros tratamos de despertar en ellos el interés por la lectura”, señala un maestro ginebrino que acompaña a uno de los numerosos grupos de estudiantes que recorren los ‘stands’.
“Muchos se sorprenden al ver que los jóvenes leen volúmenes de 600 o 700 páginas, como el de Harry Potter. Hace unos veinte años que nosotros observamos un creciente interés del público joven en los libros”, confirma Olivier Parault.

 

Autor:swissinfo, Armando Mombelli
(Traducción del italiano: Belén Couceiro)
25 de abril de 2009

Anexos:

SALÓN DEL LIBRO
Fundado en 1887 por el editor suizo Pierre-Marcel Favre, el Salón Internacional del Libro y la Prensa está considerado como la manifestación cultural más importante en Suiza, junto con el Festival Internacional de Cine de Locarno.

El Salón del Libro, que se desarrolla en el recinto ferial ginebrino de Palexpo en una superficie de más de 40.000 metros cuadrados, congrega cada año a más de 700 expositores y cerca de 100.000 visitantes.

Turquía es el país invitado de esta 23ª edición, inaugurada el pasado martes y que concluye este domingo.

Entre los otros ‘platos fuertes’ este año figuran una exposición dedicada a las obras de Alberto, Giovanni y Diego Giacometti, la aldea de los ‘comics’, el salón africano y otras muestras temáticas.

A través de debates, animaciones y encuentros con los escritores, la feria ginebrina se concibe como lugar de intercambio cultural para promover el conocimiento de otras realidades.

ENLACES
· Salón del Libro de Ginebra (http://www.salondulivre.ch/fr/)

Una ciencia para estar solo

Cada año, en el cumpleaños de Mayra, desde cuando cumplió uno, le he pedido a Sonia que se case conmigo. Este año nuestra hijita cumplió cinco. Cada rechazo tiene su propia historia, pero sólo hasta hace poco, antes de que las dos se fueran, yo prefería imaginar esos momentos como una prolongada e ininterrumpida comunicación.

Debido a mi despido del Banco, experimentaba por primera vez la pobreza de verdad, distinta a esos otros tipos de pobreza a los que había sobrevivido anteriormente. Se habia manifestado primero como un estado mental: un pánico absorbente, una especie de vértigo, aunado a la certeza de que todos mis infortunios eran un engaño elaborado.

Sonia había sido mi estudiante en un instituto preuniversitario. Para cuando no pasó el examen final por segunda vez ya éramos amantes. Un año más tarde, a los 21, ya estaba embarazada con Mayra. Seguíamos sin casarnos y sin intención de hacerlo. De hecho, yo nunca tuve la oportunidad de proponérselo.Al mismo tiempo que me anunciaba que estaba embarazada dijo que era demasiada joven para casarse. Yo acababa de cumplir los 29 y también me sentía demasiado joven.

Estalló el escándalo. Nuestros respectivos padres, que se despreciaban mutuamente, se reunieron para negociar. Decidieron forzarnos a que nos casáramos. Invocaron la decencia y el decoro. Yo llegaba todas las noches a la casa para recibir reproches por mi irresponsabilidad. A Sonia la amenazaban con todo tipo de tormentos.

Mayra nació el 5 de febrero, en 1996. Yo me encontraba en la sala de partos, observando ese proceso mágico, con un temblor en mis débiles rodillas. Fue el dia más completo de mi vida.Observé las piernecitas y los bracitos de Mayra y la suave frescura de su cara diminuta. Sus ojos castaños eran del mismo tono que los de su madre, y en ese instante las dos se convirtieron en mi religión. Sentí que deseaba llorar ante la belleza de su pequeño cuerpo, de su ser puro. Y llorar también por lo que había hecho.

Mis egoístas faltas parecían ahora un obstáculo infranqueable si es que yo pretendía alguna vez ser su padre.Un par de meses después del nacimiento de Mayra, Sonia viajó a Estados Unidos para aprender inglés. Su familia la quería lejos de mí, lejos del estrés.

Durante medio año, visitaba a mi hija tres veces a la semana, soportando los incómodos silencios de los Sepúlveda, quienes no sabían si despreciarme o aplaudir mi persistencia.Por las noches inventaba escenarios en una gama que iba de lo trágico a lo maravilloso.
Sonia en USA, conociendo a un hombre que le removió el piso. Un hombre alto, blanco. Un hombre con plata. Un hombre más apuesto que yo. Por supuesto más cariñoso. Un mejor papá. Esas eran mis pesadillas cuando imaginaba que la había perdido para siempre.

Pero al mismo tiempo me dejaba llevar por otro sueño: Sonia regresando, desengañada por lo que había visto allá, sobrecogida por la depravación que le había descrito su padre (Quien vivió un tiempo en USA), perdonándome, dispuesta a comenzar de nuevo.

En esta ciudad, no hay nada más inútil que imaginarse una vida. El dia siguiente es tan incierto como el año que viene, y no hay nada sólido de dónde cogerse. No hay trabajo. No hay nada que yo hubiera podido prometerle en ese momento que no estuviera construido sino en la imaginación. O aún peor, en la suerte.Mayra ya estaba despierta del todo, y se sentó en la cama: “Papi”, gritó, señalando mi barriga. “¡Estás gordo!”“¡Mayra! Dijo Sonia. “¡No seas grosera!”Pero a mi me pareció chistoso. Me reí. No estoy gordo; lo que sucede es que ya no soy joven.

Me agarre la barriga y durante unos segundos fingí que mi ombligo era el orificio de una bala, que estaba mortalmente herido. Caí al piso, “Ay, Mayra”, grité.Mi hija gateó hasta el borde de la cama y se tendió allí, mirándome a los ojos mientras yo seguía echado en el piso…..Soltó una sonrisa amplia y picara y yo cerré los ojos.Imaginen los extraños y terribles silencios, los espacios vacíos.

Imagínense marchitándose en este lugar sin ninguna compañía. Piensen en una hija viviendo en un lejano país del norte, con sus vientos fríos y sus lluvias torrenciales, esforzándose por reconocerlos entre un flujo de imágenes y sonidos y aromas borrosos….

Imaginen que ella olvide su español, y que entonces todos sus temores y esperanzas y amores y sueños queden atrapados, perdidos en una bóveda de resonancias extrañas.

Creo que Sonia debió haber reconocido que me encontraba ausente porque se quedó callada.Mi hija se había vuelto a subir a la cama y se sentó, las piernas cruzadas por debajo, observándonos como si asistiera a una obra de teatro.
Y no hubo trompetas ni violines ni ningún otro sonido. Sólo el silencio.

Hasta Pronto
CARLOS (Tigre sin Tiempo)

Fuente: El resumen y selección de los textos fue extraído del libro “Guerra en la Penumbra” del joven escritor peruano Daniel Alarcón. Editado en USA el 2005

Reconciliación de Milan Kundera con los checos da otro paso

Con el reciente otorgamiento del Premio Nacional de Literatura a Milan Kundera, los checos quieren seguir reconciliándose con su escritor más famoso y apreciado en el extranjero, continuando con la senda trazada en 2006, cuando se publicó en checo La insoportable levedad del ser.
Milan Kundera”La obra es la consecución de un largo trabajo sobre un proyecto estético”, dice Milan Kundera en su libro de ensayos El Telón, publicado en París en 2005, en francés, y traducido ya al español y al inglés, entre otras lenguas, pero no al checo.

“La vida es corta, la lectura es larga y la literatura se está suicidando debido a una proliferación insensata. ¡Y cada novelista, empezando por sí mismo, debería eliminar todo lo que es secundario, clamar para sí y para los demás la moral de lo esencial”, continúa el escritor en ese libro.
La moral de lo esencial es lo que ha llevado a Kundera a la cúspide de la literatura mundial y por eso, además de rico, famoso y respetado, gracias a su arte, todos los años suena como posible candidato al Nobel de Literatura.
Kundera nació en Brno, en 1929, y alcanzó a publicar tres libros en su país antes de partir al exilio, en 1975. Se radicó en Francia y pronto adoptó el francés como suyo, aunque aún publicó algunas obras en su lengua materna, entre ellas La insoportable levedad del ser, que lo convirtió en celebridad después de la adaptación al cine hecha por Hollywood.
Son pocos los escritores que han logrado destacar escribiendo en una lengua que no sea la materna. El ruso Vladimir Nabokov es una de esas excepciones, ya que escribió primero en ruso y luego en inglés. En esa lengua publicó su obra maestra, Lolita.

Milan Kundera es otra. Le fue retirada su ciudadanía checa por las autoridades comunistas en 1981 y adoptó la francesa y pronto comenzó a escribir y destacar en esa lengua, con títulos como La inmortalidad, La lentitud y La ignorancia.
Milan KunderaEl escritor siempre se ha mostrado reacio a que esos libros sean llevados al checo, aduciendo que no tiene tiempo para revisar las traducciones. Y como él comenzó a olvidarse de su tierra natal, sus compatriotas comenzaron a olvidarlo a él, en un acto de reciprocidad.
Pero si Milan Kundera merece un lugar en la Historia de la Literatura con mayúsculas se debe, sobre todo, a su obra en checo, empezando por La broma, publicada en 1965, una macabra pieza maestra que irritó al comunismo y por la que fue represaliado después de la invasión soviética de 1968.
“Escribo por el placer de contradecir y por la felicidad de estar solo contra todos”, es una de las frases célebres de Kundera. Con La broma se ganó el repudio de la oficialidad y perdió su empleo de profesor.
“La lucha del ser humano contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”, ha dicho también Kundera, quien luchó contra el poder, partió al exilio, se afrancesó y fue olvidado por sus compatriotas.
Ese olvido comenzó a dar paso a la reconciliación en 2006, cuando 22 años después de su publicación en Francia, fue editada la primera versión oficial en checo de La insoportable levedad del ser.
La novela fue un descubrimiento tardío para los checos, pero no por eso dejó de seducir, tanto a la crítica especializada como a los lectores, que la convirtieron en un best-seller inesperado.

‘La insoportable levedad del ser’El jurado de la presente edición del Premio Nacional de Literatura tomó en consideración ese libro, pero también las obras anteriores en checo de Kundera para otorgarle el galardón.
El escritor no estará presente en la entrega de la distinción, este jueves en Praga, ya que se encuentra convaleciente de una operación, pero envió una grabación, que será presentada durante la ceremonia.
“A Kundera le alegró mucho obtener el premio y sintió no poder venir a Praga”, dijo el presidente del jurado del Premio Nacional, Ales Haman, quien restó importancia a la polémica creada en torno al autor.
“Lo que trasciende es que su obra ha ayudado a la literatuta checa a penetrar en el contexto mundial, el resto nos parece marginal. Además, Kundera no se considera un escritor francés sino que se siente bilingüe”, sostuvo.
Todo parece indicar que el idilio que Milan Kundera vive con los checos está recién empezando.

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Source: Radio Prague

“Panes del Perú” elegido como el mejor libro del mundo

El Perú, no solo tiene una gastronomía reconocida mundialmente, sino que su panificación es una de las más ricas y variadas, destacó Andrés Ugaz Cruz, autor del libro “Panes del Perú: el encuentro del maíz y del trigo”, que ha sido elegido por la Gourmand World Cookbook Award como el Mejor libro sobre panes en el mundo.

Dicho galardón se obtuvo en Londres, tras una reñida competencia entre 26 mil libros de cocina y vinos que se publican cada año en el mundo, y con el cual la mencionada organización distingue a quienes “cocinan con la palabra”, ayudando de esa manera a los lectores, a encontrar los mejores libros de cocina.

Andrés Ugaz, connotado chef e investigador, agradeció el apoyo de la Corporación E. Wong y de la Universidad San Martín de Porres, coeditores de la publicación, así como de los auspiciadores; y dijo que recibía el premio “como un estímulo para seguir investigando”.

La obra, que se gestó durante tres años, contiene un registro fiel de la historia de la panificación en 12 regiones del país, y señala que el pan resulta ser el eslabón que vincula la arqueología con la gastronomía, y que el encuentro del maíz y el trigo es otra muestra del mestizaje enriquecedor entre dos culturas. “El pan no reemplaza una comida, sino que la acompaña y la prolonga”, puntualizó el autor.

Agregó que el consumo per cápita de pan en el país es de 28 kilos al año, uno de los más bajos de la región, pues en Argentina y Chile están por los 90 kilos anuales.

Destacó que el contenido nutricional del pan se puede enriquecer con cebada, quinua, maca y zapallo loche, por ejemplo, y con insumos locales. Una muestra de ello es la variedad de sabores y colores de panes que existen en el interior del país.

“Debemos vincular la panificación con la gastronomía en una propuesta más rica y fuerte como país, así como dignificar al panadero, certificar su trabajo, que en las escuelas de cocina se les enseñe cómo hacerlo mejor”, señaló al tiempo de resaltar que el Instituto Peruano de Gastronomía busca brindar certificación a los panaderos empíricos.

También dijo que la Cadena Productiva del Pan tiene una propuesta sobre elaboración de ese alimento en nuestro medio, que contempla prepararlo con un 50% de trigo importado, 30% de trigo nacional y 20% de un insumo local.

* RPP (15 de Abril del 2008)